Kilkelly, Ireland

Es posible que esta sea una de las entradas más emotivas que he escrito últimamente. Gracias a una canción titulada ‘Kilkelly, Ireland’ he descubierto la historia que a continuación os voy a detallar.

En 1855, John Hunt tuvo que abandonar a su familia de Kilkelly (Co. Mayo) para emigrar a los Estados Unidos cuando solo contaba con 13 años. Se estableció en Maryland, encontró un trabajo, se casó y tuvo descendencia. Jamás regresó a Irlanda ni volvió a ver a su familia.

En la década de 1980, un compositor americano, Steven Jones, cuyos antepasados eran del mismo Kilkelly, encontró en el desván de la casa de su padre un manojo de cartas, fechadas entre 1858 y 1893, dirigidas a John Hunt. Habían sido dictadas por su padre, Bryan Hunt, al maestro de la escuela de Kilkelly, Patrick McNamara, pues Bryan no sabía leer ni escribir.

En aquella época, esta era la única manera de comunicarse con quienes estaban lejos. Gracias a esas 20 cartas, podemos trazar la historia de esta familia, separada por un océano, y hacernos eco de la situación personal, familiar y social de aquellos tiempos.

Creo que merecerá la pena traducirlas (me pongo a ello y según las vaya teniendo, dejaré el enlace al final de la entrada) y también merece la pena disfrutar, dentro de lo posible, con la canción (subtitulada al castellano) que os dejo aquí. Con un mínimo de empatía, seguro que los sentimientos volcados en aquellas cartas y tornados canción harán que se os salte alguna lágrima… el padre que ve cómo pasa el tiempo y no vuelve a ver a su hijo.

Traducciones

Carta 1

Perspectivas

Largo y tendido he escrito aquí sobre Skellig Michael, ese peñón rocoso que se eleva junto con su islote hermano a modo de velas sobre el océano Atlántico. Cada perspectiva nos ofrece una nueva vista que puede nublar nuestros sentidos.

6 naciones 2012

No queda nada, apenas 3 semanas para que de comienzo el Torneo de las VI Naciones de Rugby 2012. Ya conocemos todos los datos: emparejamientos, horarios, árbitros… Vamos a ello. El horario siempre hace referencia a la hora GMT (una hora más en España).

Este año mostramos los árbitros que van a dirigir los encuentros.

Aún quedan cosas por hacer

Copio el artículo aparecido en la edición digital del diario La Razón.

Las escuelas en Irlanda pueden ser un lugar hostil para las personas homosexuales, en particular las salas de profesores. Maestros o profesores gay, lesbianas o bisexuales en muchas escuelas irlandesas -aún dominadas por la Iglesia Católica- se arriesgan a ser discriminados o incluso despedidos si revelan su inclinación sexual debido a una ley que permite a los empleadores religiosos penalizar a trabajadores por acciones que socaven su estatus religioso.

“Cuando uno está en el sistema escolar, queda atrapado en los valores de la escuela, atrapado en el silencio”, dijo Leo Kilroy, de 34 años, quien solía enseñar en una escuela primaria católica en Dublín. “Uno sabe que si se declara gay o lesbiana podría sufrir discriminación”, añadió.

La Iglesia ya no goza de su dominante posición gracias a la creciente prosperidad, el ingreso a la Unión Europea, el cambio de la vida rural por la urbana y ola tras ola de escándalos de abuso sexual. La reciente decisión de Irlanda de cerrar su embajada en el Vaticano llevó las relaciones entre ambos estados a un mínimo histórico.

Pero la influencia de la Iglesia es aún profunda en dos áreas clave: escuela y ley familiar, reguladas por una Constitución que aún carga con el legado del pasado católico del país.

Más de 9 de cada 10 escuelas primarias y la mitad de las escuelas secundarias son dirigidas por la Iglesia. Las juntas directivas están normalmente encabezadas por un sacerdote y, aunque el Estado paga el salario de maestros y profesores, la Iglesia aún tiene el poder de decisión en cuanto a contratos.

Kilroy declaró su homosexualidad casi cerca de sus 30 años tras dejar su trabajo en la escuela. Ahora dicta clase a profesores y es tesorero de un grupo que representa a maestros gay, lesbianas y bisexuales de escuela primaria. Tiene 45 miembros de un sector con un estimado de 31.000 trabajadores.

“Una de las razones por las que yo fui más libre para declarar mi homosexualidad fue que estaba ya fuera del sistema escolar. Una persona gay o lesbiana en una sala de profesores tiene que autocensurarse”, comentó.

CAMBIO DE ACTITUD

Hasta 1993, era un crimen cometer un acto homosexual en Irlanda, el sexo anal podía significar prisión perpetua.

Ante eso, la mayoría de las personas optaba por esconder su sexualidad. Los desfiles del orgullo gay en Dublín en la década de 1980 atraían a apenas unos cientos y a los fanáticos que se burlaban a los gritos sobre el sida.

La actitud cambió dramáticamente desde entonces. Este año, el desfile convocó a 25.000 personas, la segunda procesión más grande en el país luego de la celebración de Día de San Patricio.

Las encuestas han mostrado que la mayoría del público está a favor del matrimonio de personas de ambos sexos, incluidos católicos practicantes.

“El Señor los hizo de esa manera. Deberían tener los mismos derechos”, dijo Ita Phelan, una mujer de 91 años, cuando se dirigía a la misa dominical en la principal iglesia católica de Dublín.

Pero en muchos salones de clase, donde una media hora de enseñanza religiosa y un crucifijo en la pared es la norma, poco ha cambiado.

UNA REVOLUCION SILENCIOSA

Actualmente, los adolescentes se siente más seguros sobre declarar su homosexualidad. La mayoría de los llamados al grupo de servicios juveniles BeLong To, con sede en Dublín, pertenecen a adolescentes de entre 14 y 15 años, comparados con los 19 y 20 años de quienes se comunicaban casi nueve años atrás cuando se estableció la organización.

“Está sucediendo una revolución silenciosa. La cifra de jóvenes que acuden a BeLong To se ha más que duplicado cada año en los últimos tres. Es bastante fenomenal”, dijo Michael Barron, cofundador del grupo.

Más de 2.500 personas se unieron a la organización este año y decenas de miles se contactaron vía correo electrónico.

Barron trabaja con escuelas para concienciar a las personas sobre temas de sexualidad y para hacer campaña contra el acoso homofóbico, que describe como un enorme problema.

La actitud de las juntas directivas de las escuelas y de los directores, que en mayor parte ya no son monjas o sacerdotes, es clave.

“El sistema educativo tiene ese legado católico y en algunos casos es más que un legado, es cómo se enseña todavía”, comentó Barron.

“Conocemos a profesores gay que no lo han dicho en las escuelas. Es un problema. Esos profesores podrían ser modelos vitales para los jóvenes, particularmente para una persona que está luchando, que piensa que es la única persona gay o transexual en el mundo”, agregó.

Vídeo de la campaña:

AMOR PERO NO MATRIMONIO

Para Feargha Ni Bhroin ser lesbiana no es un problema en la escuela vocacional no religiosa en la que enseña. El problema es en casa.

Ni Bhroin y su compañera, Linda Cullen, se encuentran en un limbo legal desde que se convirtieron en madres de mellizas.

Bajo la ley irlandesa, Cullen no tiene ninguna relación con sus hijas porque no es la madre biológica. No puede adoptarlas o ser su tutor y no figura en la partida de nacimiento de las niñas.

“Si nos separamos no tendré derechos, y ellas no tendrán derechos sobre mi, por lo que no voy a tener que pagar manutención o nada si no quisiera”, dijo Cullen, originaria de Dublín y que dirige una productora de televisión.

La legislación aprobada el año pasado le da a las parejas del mismo sexo que se registren como pareja civil los mismos derechos financieros que un matrimonio heterosexual, pero no una igualdad total.

Ello significa que los niños de parejas del mismo sexo, incluso aquellos de las parejas civiles, no están protegidos por la ley.

“Las niñas saben que soy su madre. Pero la ley no”, dijo Cullen

The Islandman, de Tomás Ó Criomhthain

Así comienza la autobiografía de Tomás Ó Criomhthain, un hombre nacido en la Isla de Blasket, terminada de escribir en 1923 y publicada en 1929:

Vine al mundo el día de Santo Tomás del año 1856. Puedo recordar estar mamando del pecho de mi madre, pues no me destetó hasta cumplir los cuatro años. Llegué con ‘el humo de las velas’, el último de la camada. Esa es la razón por lo que me dejaron tanto tiempo colgado del pecho. También fui un niño consentido.

Cuatro hermanas tuve, y cada una de ellas me endulzaba la boca con sus dulzuras. Me trataban como a un polluelo en el nido. Maura Donel, Kate Donel, Eileen Donel y Nora Donel, esos eran sus nombres. Mi hermano era Pats Donel, y yo soy Tomás Donel. Maura aún reside en la isla, dos de ellas aún siguen vivas en América y Pats no está muerto aún. Kate falleció a los tres meses de jubilarse. Esos componíamos el ramo. Ya estaban creciditos cuando yo aún era un bebé, así que no resulta muy extraño que me malcriara entre ellos. Nadie me esperaba cuando aparecí en su camino.

Mi padre era un hombre de constitución media, robusto y fuerte. Mi madre era una mujer bien formada, tan alta como un  policía, fuerte, vigorosa y jovial, con un pelo brillante y resplandeciente. Pero cuando aún mamaba de ella, la fuerza que tenía su leche era más bien escasa, y además, yo era ‘la ternera de una vieja vaca’, nada fácil de educar.  Por todo ello, la villana muerte se llevó a más de un joven rufián y me dejó para el final. Supongo que pensaba que no le merecía la pena quitarme de en medio. Me hacía más fuerte día a día y campaba a mis anchas siempre que quería; simplemente no me perdían de vista para comprobar que no me acercaba al mar. Solía vestir unas enaguas de lana sin tratar, y un gorro de punto. Y la comida que recibía eran huevos de gallina, pedazos de mantequilla y algo de pescado, lapas y bígaros -un poco de todo del mar y la tierra.

Nos apretábamos en una pequeña casa, con un tejado compuesto de juncos de la colina. A menudo las gallinas construían sus nidos sobre la paja y allí ponían una docena de huevos. Teníamos una cama en la esquina y dos al fondo de la casa. Solía haber dos vacas dentro de casa, las gallinas con sus huevos, un asno, y nosotros. Nuestra casa estaba al revés: es decir, la puerta estaba orientada al norte -todas las demás daban al sur.

Había otra casa justo en frente, con la puerta hacia nosotros, y las dos familias charlábamos todos los días. La mujer de esa casa se pasaba todo el día entrando y saliendo de la nuestra…

The Islandman, Tomas O’Crohan (Tomás Ó Criomhthain), Oxford University Press 2000