Archivo de la categoría: Viaje Irlanda 2011

Dingle 2011 – Día 7


Amanece como siempre, semidespejado. A ver cuánto tarda la lluvia en hacer acto de presencia.

Hoy ha sido el día de los caminitos. Menos mal que esta vez el coche estaba a todo riesgo, porque ha habido momentos en los que he llegado a creer que me quedaba sin él. Por un lado, cuando veo un caminito asfaltado que se adentra hacia las montañas me da cierto respeto, a saber a dónde llega. Por otro, siento una gran atracción a dejarme llevar y probar. Y eso he hecho hoy. Tras llegar al Connor Pass, hoy he bajado por la cara este del puerto. Qué preciosidad. Un tramo de carretera minúscula, bajo la roca, prestando atención constante al tráfico en
sentido contrario, hasta llegar a la zona norte de la península.
Sorprendentemente, el tiempo al otro lado de la cadena montañosa era mejor, como si los montes ejercieran de barrera a la lluvia que arreciaba en el tramo occidental.

Cloghane Burial Ground

Pasado Cloghane, el mapa indica un cabo al norte, Brandon Point. Hacia allá me dirijo y allí llego. De nuevo, solo, contemplando desde la altura la bahía de Brandon y el Atlántico, con su juego de luces, majestuoso.

De vuelta, decido recorrer la pequeña península de Fahamore. Y aquí empiezo a toparme con las carreteras que no llevan a ningún sitio, bueno, llevar llevan, pero no tienen salida, a menos que decida lanzarme al mar.

Opto por seguir un caminito que se adentra en el valle que se avista desde Connor Pass. Atravieso lagos, campos, arroyos, hasta que veo que el camino termina en una granja. Aprovecho una zona en la que puedo dar media vuelta y regreso a la carretera principal, tras las correspondientes fotos.

Siguiendo el mismo razonamiento, me dirijo hacia otro caminito marcado con el mismo color en el mapa que tan bien me ha ayudado estos días. Se supone que lleva a una zona protegida, a una especie de área protegida local. Ya desde el comienzo veo que el asfalto está muy desgastado, que hay bastantes baches, llenos de agua, por lo que se hace difícil saber la profundidad de los mismos. Pronto me doy cuenta de que ese camino debe estar destinado a 4×4, porque mi coche empieza a botar de muy mala manera.

Pero decido seguir. A fin de cuentas, según el mapa, el camino se bifurca más adelante, permitiendo dar una vuelta completa. Poco a poco empiezo a dudar de la conveniencia de proseguir, más que nada porque el poco asfalto que queda se va convirtiendo en agujeros, algunos rellenados con piedras, otros como cráteres… Vamos, que el coche por momentos tiene que respirar hondo para poder seguir.

Llega un momento en el que veo imposible continuar. El camino se empina y puedo ver que el asfalto desaparece, dando paso a un campo de minas. El problema es cómo dar la vuelta, si el coche apenas entra de frente. Hay que tomar una decisión. Habrá que arriesgarse a dar media vuelta como sea, con cuidado de no meter las ruedas en las acequias naturales que discurren junto a la “carreterita”.

Ha costado muchas maniobras, temores, acelerones, derrapajes de rueda… pero al final conseguí dar la vuelta. Ya solo quedaba llegar a la carretera principal. En ello estaba cuando me he cruzado con varios lugareños que paseaban por allí, que me miraban extrañados (uno incluso se ha santiguado al verme pasar por el coche por esos caminos). En ese momento he dicho: Fer, se acabaron las expediciones. Coge caminito a Dingle y dedica la tarde a comer, beber y navegar por la red.

Tras realizar todo esto, he ido al B&B, me he tumbado un momento y ha caído un pedazo de siesta importante. Al despertar he pensado conducir un poco de noche para despedirme de la zona, pero llueve bastante y sopla el viento con fuerza. Voy a poner la TV un poco… Fútbol, Cork vs St Patrick’s Ath. Echaremos una ojeada.

Mañana, marcho a Dublín. Y el diario finaliza aquí. La visita a Dingle finaliza aquí. Creo que la he recorrido de cabo a rabo y puedo afirmar que es maravillosa, aunque seguro que hay muchísimos lugares que se han escapado. Lógico. Pero me voy con la sensación de haberla vivido con intensidad, con emoción, con respeto. Si algún día consigo progresar con el gaélico, ya sé dónde hacer las prácticas.

Dingle 2011 – Día 6


Hoy ha sido un día de contrastes. Anunciaron lluvia: al despertar, el cielo
aparecía cubierto pero ni rastro de agua. Así que me he dicho: venga, tira para el sur, vamos a ver qué es eso del Ring of Kerry que tanto se oye.

Y me pasa lo de siempre, que me entretengo al inicio, me paro en todos sitios, lo quiero ver todo… Vamos, que a las 14h salía de la Skellig Experience (Portmagee) y empezaba a llover. Oye, lo de Skellig Michael ya me tenía embrujado, pero ahora estoy ensimismado a más no poder. ¿Y qué ha pasado? Pues como se ha puesto a llover, ni rastro de las Skelligs ‘out there’, todo era niebla y lluvia.

Killorglin

Cahersiveen – Monumento a San Brendan

Así que me he mosqueado un poco y he seguido rodeando el Ring of Kerry, que bonito tiene que serlo, eso seguro, pero si llueve, pierde un poco. Y si te toca ir detrás de autobuses o coches de turistas que van pisando huevos, ya no mola tanto. Pero tiene que ser precioso, especialmente la zona del Parque Nacional de Killarney. Qué paisajes tienen que apreciarse un día soleado y sin gente (¿será esto posible?).

Así que ya tengo otra excusa para volver. Hay que visitar Skellig Michael y el Parque Nacional de Killarney.

Ah, y cómo no, otro libro para casita, este sobre Skellig Michael. Se me van a acumular las lecturas…

Mañana, último día completo en esta península, pues el sábado a primera hora marcho para Dublín, a pasar unos días con un colega. Mañana voy a visitar el norte de la península, a ver si el tiempo pone un poquito de su parte.

Por cierto, lo de escalar el Monte Brandon, imposible. Ni un solo día he conseguido ver su cima despejada, siempre está entre las nubes. Y la señora del B&B no me deja subir en esas condiciones.

Dingle 2011 – Día 5


Hoy escribo desde el pub tras un día muy atareado. De mañana he ido a echar gasolina al coche y, cuando me dirigía a Ventry, he recogido a dos mozas eslovenas que hacían autostop e iban a Dunquin. Y mira, las he llevado hasta allí y luego he dado medio vuelta para seguir la ruta planeada.

El día ha amanecido despejado, aunque con el paso de las horas se va nublando, eso sí, sin llover. He recorrido la costa suroeste de la península, parando cada 100 metros, porque a cada paso hay algo que visitar, una buena vista… Increíble. Dunbeg Fort, un cottage que se conserva de la época de la hambruna, las celdas de Fahan, el centro de interpretación de las islas Blasket… además de playas, monumentos
conmemorativos, vistas, caminatas trepando cabos para ver mejor el paisaje.

He vuelto al B&B con 4 libros escritos por nativos de la Gran Blasket que
pienso devorar en cuanto vuelva a casa. Viendo el audiovisual que proyectan en el centro, he sentido un impulso, casi irrefrenable, de preguntar qué hace falta para irse a vivir allí. Emotivo el cortometraje, muy emotivo.

Y ahora, sentado en el pub McCarthy’s de Dingle, aprovechándome no sólo de su Guinness, sino también de su wifi, escribo estas líneas, resumen del día que es incapaz de recoger todas las sensaciones que voy acumulando estos días.

Porque si esto no es el paraíso, que baje Dios y lo vea. El contraste de mar y montañas, de luz y neblina, la amabilidad de la gente… En fin.

Dingle 2011 – Día 4


Hoy promete ser un gran día. Después de estar lloviendo toda la noche, amanece bastante claro. Tras el desayuno, conduzco hasta Muireach y aparco el coche. Tengo pensado recorrer a pie un circuito indescriptible. En aproximadamente 4 km cuadrados voy a visitar 4 asentamientos con mucha historia a sus espaldas:

Kilmalkedar (siglo XII-XIII)

The Chancellor’s House (siglo XIV)

Cathair Deangáin (siglo X)

Gallarus Oratory (siglo XII)

Pertrechado de buena música, recorro ensimismado la distancia, con paradas constantes para inmortalizar los cuadros que se levantan frente a mí. 3 horas, eso he tardado.

Una vez finalizada la vuelta completa, cojo el coche y me dirijo a otro asentamiento del cristianismo temprano, el asentamiento de Reask. Una vez más, solo, sin nadie alrededor, silencio.

Para finalizar la mañana me dirijo a Dún an Óir (el fuerte del oro), lugar de una sangrienta carnicería durante la rebelión contra los ingleses de 1580. 600 personas murieron, principalmente italianos y vascos, en la defensa del lugar y en los ajusticiamientos posteriores. Es difícil dar con el lugar, pues no hay señales y hay que interpretar un pseudo-mapa que imprimí antes de venirme.

Cuando llego allí, la primera impresión es que… no hay nada. Pero debe ser allí, pues antes de la verja se encuentra el memorial levantado en 1980 para recordar lo sucedido. Y, sin embargo, no hay nada, aparte de unas ondulaciones de hierba. Hay que echar imaginación.

Vuelta a Dingle, a comer algo. Tras la comida, vuelvo al B&B a por el portátil y regreso al pub donde he comido, que ofrece free wifi y hay que aprovecharlo. Paso casi 2 horas poniéndome al día. Y no he hecho más hoy, y además estoy tirado en la cama desganado. Creo que voy a ver las noticias y a dormirme. Mañana, excursión por el suroeste de la península y nada de andar. Me apetece ir en coche parando donde me apetezca. Además, me he grabado un CD con música de la buena para esta zona…

Dingle 2011 – Día 3


Ayer vi un internet café en Dingle. Previo paso por la oficina de turismo para recoger algunos mapas y panfletos (que siempre vienen bien), paso una horita navegando por la red. Y decido acercarme al Connor Pass, la carretera de Irlanda más elevada, a casi 500 metros de altitud. De nuevo, el viento pugna con mis deseos de trepar un poco la montaña. Consigo ascender más allá del aparcamiento para sacar unas fotos de la bahía de Brandon. Pero el viento aquí arriba es frío y, además, me doy cuenta de que se me olvidó recargar la cámara de fotos, por lo que la batería está en las últimas. No me queda otra que volver al B&B. Y mientras se recarga la cámara, visita al pub. Quizá sea buena idea comer algo ahora y pasar la tarde explorando la zona norte, cogiendo el sentido contrario de la carretera, a ver a dónde conduce.

Dicho y hecho. Al parecer Brandon Creek se encuentra a unos 15 minutos andando, así que allá voy. Y aquí se presenta uno de los momentos más emotivos del viaje hasta ahora. Sin buscarlo, surge de repente, como surgen los momentos de éxtasis, inesperados. Son las 2 de la tarde, voy caminando hacia Brandon Creek, rodeado de montes elevados, campos verdes salpicados de ovejas, y el sol saliendo de vez en cuando entre las nubes blancas. Voy escuchando en el MP3 algunas canciones gaélicas. Suena Connie Dover y Siuil a Ruin. Me detengo, miro alrededor y me invade un estado de bienestar y paz que no son de este mundo. No puedo evitarlo: sonrío, lloro, me estremezco, me gustaría permanecer siempre ahí. Se detiene el tiempo. Estoy en el cielo.

Despierto y prosigo mi avance. Llegó finalmente a Brandon Creek. Parece ser que desde este lugar zarpó San Brendan, ‘El Navegante’, patrón de Kerry, junto con otros 14 monjes, en el año 535, para cristianizar el continente ‘del oeste’, América. 7 años tardaron en llegar, según cuenta el manuscrito medieval “Navigatio Sancti Brendani Abbatis”. En 1976, Tim Severin se propuso repetir el viaje para demostrar que era viable y lo consiguió.

 

Hoy me apetece cenar algo distinto, así que me voy al Supervalu de Dingle a comprar algunas viandas. Una vez allí, he decidido que me apetecía volver a subir al Connor Pass para comprobar si cambia la luz al atardecer. Además, hace menos frío. Y allá que voy. No hay nadie, estoy completamente solo, pero hace el mismo frío que por la mañana.

Después de cenar un bocadillo y un par de scones, decido volver a Brandon Creek, sentarme allí un ratito antes de irme a dormir. Pero una vez allí, he pensado que estaría bien ir a Kilmalkedar, una iglesia del siglo XII con su correspondiente campo santo. La voy a visitar mañana, pero ¿cómo será de noche?

De camino a Kilmalkedar, sin GPS ni mapa, a la aventura, me he topado con Cathair Deargáin, un fuerte de piedra restaurado que sirve como modelo de la vivienda de las familias pudientes de comienzos de la época cristiana en la región.

Tras frenazo y marcha atrás porque ya me lo pasaba, llego a Kilmalkedar. Impresionante, totalmente en silencio, las tumbas parecen querer hablarme. Casi sin luz, entre tinieblas, el lugar es sobrecogedor. Sería cosa de mi imaginación, pero he oído pasos. Y allí no había nadie. Podía escuchar cómo sonaban los guijarros que hacen las veces de pasillos entre las cruces y las lápidas. Me he quedado inmóvil un momento, imaginando cómo sería aquel lugar en siglos pasados, en la Edad Media, en la época de la Hambruna… Y de repente, sin pensarlo, me he santiguado y he salido de allí. Temblando. Y eso que parece que el huracán se encuentra ya en la costa este.

Dingle 2011 – Día 2


Destrozado, así estoy al final del día. No siento los pies, bueno, los siento, pero dañados. Vamos por partes.

Tras un full Irish breakfast (si me ve mi médico, deja de hablarme), he puesto rumbo a Dingle. El cielo amenaza lluvia y sopla el viento con gran fuerza. Al parecer, estos días la cola de un huracán se pasea por estas zonas y el viento alcanza rachas de más de100 km/h. ¿Y qué más da?

Comienzo a caminar por unos senderos que corren paralelos al mar. Entre pastos, vacas, barro y viento voy avanzando hacia algo que se levanta al fondo, Hussey’s Folley, una torre que se construyó durante los años de la hambruna y que pronto se convertiría en torre vigía. El camino es arduo, pero no tiene peligro.

Haciendo caso a la guía local que he devorado estos días, decido proseguir, pasando por el faro y siguiendo hasta alcanzar Beenbane Head, un promontorio elevado con acantilados de los que me gustan. Y es entonces cuando la cosa se complica. Arrecia el viento y el camino se estrecha. A la izquierda, alambrada. A la derecha, acantilados. Pero no pienso dar marcha atrás. He dicho que llego a Beenbane Head y llegó. Además, un lugareño que iba delante de mí con su perro, ha logrado pasar. Pues yo, igual.

Creo que jamás he pasado tanto miedo, el viento casi puede conmigo, el senderito de no más de un metro, mojado, con piedras y altas hierbas que impedían ver si bajo ellas había tierra firme o el vacío. Finalmente, avanzando por momentos casi a cuatro patas, alcanzo la playa de Beenbane y me dispongo a subir al promontorio. Cuando comienzo el ascenso, el lugareño con su perro se cruzan conmigo y me comenta que la cosa está mal arriba, que hace muchísimo viento y que él, que lleva recorriendo ese camino durante 5 años, nunca había visto nada igual. Me pregunta cómo he conseguido atravesar la zona estrecha hasta llegar a la playa y le contesto que con bastante miedo. Amablemente me indica que se puede volver a Dingle por la carretera y que quizás sea una buena opción. A menos que quiera arriesgarme a caer acantilado abajo. Se lo agradezco pero yo tengo que subir a Beenbane Head primero.

¡Qué vendaval! Tras un descanso, tumbado para intentar esquivar el viento, vuelvo a Dingle. Y como el estómago ya aprieta, escojo un pub cualquiera, el MacCarthy’s, y me meto un shepherd pie regado con3 pintasde Guinness. Olé.

Hay que bajar la comida, así que nada mejor que recorrer Dingle, calle arriba, calle abajo, colina arriba, colina abajo. Mis pies me susurran que ya es suficiente por hoy. Hagámosles caso, que quedan días por delante. Cojo el coche y me voy a dar un garbeo por el oeste de Dingle, a ver si encuentro algo fácil de alcanzar, porque tengo los pies y las piernas cansadillos. Pero no, Fer, la cabra tira al monte.

Por la mañana, desde el otro lado de la bahía había visto algo en la cumbre de un monte. Y ahora, lo tengo más cerca, ahí arriba. ¿Y si subo la montaña para verlo y de paso sacar unas fotos? Una caseta con un cartel indica que para subir el monte hay que pagar 2 euros y que, si no hay nadie en la caseta, amablemente se despositen los 2 euros en una cajita destinada a tal efecto. Bueno, dejo los 2 lereles y ale, a trepar entre ovejas, fango, piedras… Los pies ya no susurran, claman. ¡Déjalo por hoy, por Dios!

Pensé que no llegaba, pero llegué. Eask Tower, construida en 1847 con el fin de dar trabajo durante los años de hambruna. La verdad es que no sé para qué serviría, ni su brazo de madera que señala hacia la bahía. Tendré que mirarlo en internet. A su lado, unos restos de hormigón, antiguo puesto de vigilancia durante la II Guerra Mundial.

Desciendo torturando de nuevo a mis pies y piernas. Cojo el coche y vuelvo al B&B. Tras la ducha, repaso a las fotos y vídeos y al diario de viaje. Ahora, bajaré a comer algo al pub y a tomarme unas pintas mientras leo algunos poemas de Yeats. Y el día está hecho, ¿no? Pero, quietos, el día no ha acabado. No veo la TV, no tengo internet, pero tenía en el ordenador la película ‘El Prado’. No la había visto antes y me pareció un buen momento. Escalofriante. No puedo decir más ahora, en el silencio desgarrado por el fuerte viento que azota esta parte de la isla. Intento ponerme en la piel de esas personas que perdieron sus tierras, que murieron de hambre en las cunetas de los caminos, que decidieron no emigrar. Intento sentir lo que ellos sentían, desde el calor de mi cama, bajo un edredón mullido, mientras miro por la ventana y sólo veo oscuridad y escucho el fuerte viento y la lluvia golpeando los cristales. Los lugares en los que he estado hoy están ahí, entre las nubes, la bruma, el viento y el agua. Y finalmente, cierro los ojos.

Dingle 2011 – Día 1


Back home! Mi primer pensamiento al aterrizar y mis primeras palabras al encontrarme con el dueño del B&B en donde voy a alojarme estas primeras 7 noches. Back home! Porque como dice el proverbio: ‘Home is where the heart is’

El viaje desde Dublín hasta esta parte de la península de Dingle ha sido largo. Contaba con un viaje de 4 horas y al final han sido casi 6. Como siempre, parte de la culpa ha sido del GPS. O más bien, de quienes cartografían el terreno. ¿Cómo es posible que en la parte norte de la península no existan carreteras, quiero decir, que no aparezcan en el GPS? Cierto es que en algunas guías lo avisan, pero… No lo entiendo. En resumidas cuentas, que una vez llegado a Dingle, en una rotonda, veo una salida que indica ‘Cuas’, que es a donde voy, más o menos. Sin embargo, el GPS me indica otra salida y, al final, sigo su dictamen. En mala hora. Toca conducir por caminos de cabras, asfaltados, pero en los que si se cruzan dos bicicletas, una tiene que parar para dejar paso a la otra. Y lo peor es que, de repente, aunque yo sigo conduciendo por dichos senderos asfaltados, el GPS dice que no, que no hay carretera y que estoy atravesando campos. Al final, completamente perdido, decido seguir a mi instinto, tomando como referencia el monte Brandon, a cuyos pies se levanta mi B&B.

Afortundamente, me cruzo con una moza lugareña muy pizpireta.
–          Dia dhuit, am I on the right way to An Bóthar Pub?
–          Oh, yes, it’s just there, the first green house. Enjoy it, it’s a very good pub.
–          Go raibh maith agat! Slán go fóill.

Y ahí aparece mi B&B, aunque el GPS sigue insistiendo en que conduzco por campos o vete tú a saber, pero carretera… ninguna. Mañana, cuando me acerque a Dingle, tengo que quedarme con la ruta, porque la maquinita no me lo va a poner fácil.

Subo a la habitación y me quedo extasiado mirando por la ventana. The Three Sisters y otras montañas se levantan frente a mí, entre la niebla. Y no puedo evitar pensar en siglos pasados, en milenios pasados, en las gentes que han poblado estos lugares, entre el mar y las montañas. Recuperado, decido bajar al pub. 3 pintas del ‘black stuff’ y un bocadillo de ternera guisada han sido suficientes para saciar el hambre material tras 15 horas de ayuno. Mañana empezaré a saciar de verdad el hambre espiritual. Buenas noches.