Cartas desde la Gran Blasket


Cartas desde la Gran Blasket es, como su propio nombre indica, una colección de cartas que Eibhlís Ní Shúilleabháin, que con el tiempo se casó con Seán Ó Criomhthain, hijo de Tomás Ó Criomhthain (ambos escritores de Blasket), enviaba a George Chambers, un londinense que visitó el lugar por primera vez en 1931… Pero dejemos que sea él mismo, a través de la introducción a su edición de esta obra, quien nos exponga su llegada a la isla.

En el verano de 1931 tenía pensado visitar el faro de la solitaria y remota isla de Tiaracht, que se encuentra en el Atlántico, frente al condado de Kerry, y es el lugar más occidental de Europa. No resulta fácil acceder a Tiaracht y me aconsejaron montar mi campo base en Blasket y pedir a los pescadores locales que me acercasen al faro.  Esa era la primera vez que escuchaba hablar de Blasket, así que, tras encontrar la palabra ‘escuela’ en el mapa de Bartholomew, escribí al maestro para que me ayudase en la busqueda de alojamiento, etc.  Recibí respuesta de Nora O’Shea, la maestra, quien me encontró alojamiento e hizo los preparativos para que un bote me recogiese cuando llegase.

El tren propiamente dicho finaliza en Tralee y desde esa localidad un tren muy primitivo atraviesa las cimas de una cadena de montañas –con unas vistas magníficas del mar y las montañas a cada lado – bajando luego a la localidad de Dingle. Desde allí tenía que coger un automóvil, atravesando Ventry y Slea Head por una de las famosas ‘Carreteras de la Hambruna’, hasta Dunquin, una aldea inhóspita, empobrecida y diseminada que se encontraba bajo la ladera de una montaña desnuda. Los acantilados de esta zona tienen una altura de unos 60 metros y, a unos 5 kilómetros en el Atlántico, se levanta la enorme pero estrecha mole de Blasket, que alcanza una altitud de hasta 300 metros pero en ningún punto supera los ochocientos metros de anchura; a su alrededor hay un séquito de cinco o seis islas, ninguna habitada y otros 5 kilómetros más adentro del océano se puede ver la afilada pirámide de la Roca de Tiaracht.

La tarde de mi llegada a Dunquin, el mar estaba demasiado tempestuoso para botar una barca por lo que pasé la noche en la oficina de correos, donde la encargada, pelirroja y soltera, me dio la bienvenida y me trató increíblemente bien; todo estaba muy limpio y la comida era buena.

A la mañana siguiente, sábado, mi barca, o mejor dicho, mi canoa de lona, pues no hay otro artefacto en Blasket, vino a buscarme. Estas canoas están compuestas por lona alquitranada extendida sobre una estructura entramada de madera, miden unos 6 metros de largo y suelen tener cuatro remeros, cada uno con dos remos casi sin pala; tres pasajeros, sentados en el fondo del bote, completan la carga.

En toda la isla solo hay un punto de desembarco para canoas, un pequeño dique construido uniendo una gran roca con la costa mediante una barrera de hormigón. Desde aquí un empinado caminoasciende hasta lo alto del acantilado y llega al pueblo. Todas las casas, o mejor dicho, cabañas en Blasket están en este pequeño pueblo que se levanta de forma irregular contra un lado de la colina. Exceptuando cinco, todas las demás cabañas son típicas irlandesas, construidas con tosca piedra con escasa presencia de argamasa, tienen una habitación principal bastante grande y una o dos habitaciones más pequeñas. Sólo hay una puerta delantera, ninguna casa tiene puerta trasera. Todas están techadas con fieltro o lona alquitranada y casi todas tienen un pequeño desván sobre la chimenea.

Las cinco excepciones fueron construidas por el Departamento de Distritos Sobrepoblados, son de hormigón y tienen tejados de teja y se encuentran colocadas en posiciones poco pintorescas y expuestas a los elementos, y aunque un gobierno benevolente les dio puertas traseras, se les olvidó explicar para que servían, así que los habitantes de la isla las han cerrado con clavos y las usan como aparadores. Todas las cabañas tienen suelo de tierra, y como todos los animales y aves –incluyendo gatos, perros, ovejas y burros – tienen libre acceso a las cabañas, es deber de uno de los niños estar esparciendo constantemente arena fresca por el suelo.

Es difícil exponer con claridad a cualquiera que no haya estado allí, o simplemente que no haya visitado la isla en un cálido día de verano, qué implica la manida afirmación de que no hay tiendas en la isla, ni médico, ni enfermera, ni sacerdote, ni iglesia ni terratenientes. Muchos de los niños jamás han visto un árbol o nada que vaya sobre ruedas, a la vez que la electricidad y el gas son misterios desconocidos.

La tarde de mi primer día me encontraba paseando por la colina cuando me topé con dos chicas aproximándose con su burro cargado con dos cestas de turba. Ambas chicas iban con la cabeza descubierta, sin zapatos ni calcetines e iban vestidas con poco más que unos harapos, pero rara vez habré visto dos chicas más hermosas y se comportaron conmigo de manera tan alegre y sencilla como si yo hubiese sido su hermano mayor; este fue mi primer encuentro con Eibhlís y su hermana Mary.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s