Ian Gibson


Reproduzco un artículo de Juan Cruz publicado en la edición de El País de hoy.

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Ian Gibson llegó a España, para quedarse, a mediados de los años setenta, obligado por su amor a Lorca, que ya era, también, su amor a España. Dejaba atrás, como Galdós dejó a Canarias, el aire disociador de su patria, la que había dado a gente como Joyce, Beckett y Bacon, y se asentaba aquí, provisto entonces de unas cuantas mantas que eran todo su tesoro. Dejó las mantas en casa de un amigo y se puso a buscarse la vida, escribiendo.

Hizo de todo; jamás vendió la piel de Irlanda, pero aquí estaba, el irlandés Gibson era el español Ian, o Juan, como le llaman sus amigos de Granada, donde rebuscó, con un afán patriótico y sentimental (sentimental por patriótico) lo que queda en la memoria (y en la vida) de su adorado Federico García Lorca.

A Lorca, y a otros amigos de la generación del 27 (Buñuel, Dalí), ha dedicado lo más importante de sus esfuerzos intelectuales. Como un hispanista responsable y hondo, metido, además, en todos los conflictos civiles que sacan a la calle a sus compatriotas de acá.

Ahora sus parientes de allá, los irlandeses, lo acaban de nombrar miembro de la Royal Academy. Para Gibson esto es un regalo muy especial. Lo explica: “Que hayan reconocido mi obra de hispanista me llena de satisfacción y me proporciona un estímulo para seguir al pie del cañón”.

La Royal Academy fue fundada en el siglo XVII, y por eso sigue siendo Royal en la República, y tiene el prestigio que sostiene la literatura irlandesa, que ha dado a la historia figuras inolvidables de la mente y de la escritura. Ahora tiene aquí el reconocimiento (y la reticencia, este es un país muy esquivo, ya lo saben, y lo sabe él) y tiene allí el honor.

“Siempre he considerado”, dice Gibson desde su ático en Lavapiés (“mi patria es Lavapiés”), “que España e Irlanda tienen algo así como una relación umbilical, quizá por el sustrato celta (al fin y al cabo los celtas no solo estuvieron en Galicia sino desparramados por la Península Ibérica). ¡Este nombramiento casi me lo confirma! Y recuerdo que decía Eamon de Valera, presidente de Irlanda de origen murciano, que ambos idiomas, el celta y el castellano, comparten los verbos ser y estar (´is`y ´tá`, en celta, si no me equivoco), lo que no se puede decir de las otras lenguas procedentes del latín”.

O sea, añade Juan, o Ian, “que Irlanda es España sin sol y por ello los irlandeses añoran tanto el sur”. Así que ahí está, irlandés de Dublín y español de Lavapiés, “contentísimo y lleno de gratitud hacia quienes, en España, han hecho posible esta obra que ahora premian mis hermanos irlandeses”

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