ON AN IRISH ISLAND, de Robert Kanigel


Esta semana se ha publicado el séptimo libro del autor norteamericano Robert Kanigel (Brooklyn 1946 – ), titulado ‘On an Irish Island’ (Ed. Knopf). Traduzco un artículo y una crítica sobre esta obra que versa sobre la Gran Blasket.

  • Presentación en la página web del autor

On An Irish Island, reflexiones sobre el ritmo de la vida moderna

Y permanece la eterna confrontación. Vivir unas vidas desafiantes que no nos desalientan con su ritmo y su presión. Degustar lo mejor de las cosas ‘sencillas’ al mismo tiempo que disfrutamos los beneficios de una sociedad compleja y sofisticada. Exultarnos con la belleza de los lugares salvajes sin ajarlos por el uso. Abrazar la sabiduría de nuestros padres y abuelos a la vez que nos adaptamos a nuevas situaciones y legar una nueva sabiduría a nuestros hijos.

Robert Kanigel, aclamado y premiado escritor científico, ha dedicado su carrera a explorar la evolución de la sociedad a través de una serie de lentes únicas que nos desvelan lo que hemos adquirido gracias a la modernidad – y lo que hemos perdido.

On An Irish Island, la lente de una comunidad tradicional de pescadores

En su próximo libro, On An Irish Island, Kanigel examina el sendero alternativo – un modo de vida comunitario ajeno a la tecnología moderna – para saber qué hemos entregado a cambio de nuestro actual modo de vida vertiginoso.

La Gran Blasket, una pequeña masa rocosa que se puede ver desde la península de Dingle, vivió su apogeo a comienzos del siglo XX, cuando el pequeño pueblo de pescadores de la isla aún contaba con 150 habitantes, y una serie de lingüistas y escritores – el más conocido, JM Synge – vinieron a la isla para estudiar el idioma irlandés y su cultura en su propio hábitat.

Nadie volverá a vivir como se vivía en la Gran Blasket. Era una vida brutalmente dura. Pero no creo que eso signifique que nosotros, personas del siglo XXI, no podamos dejar de correr de un lado a otro durante un minuto para recordar. Si mis lectores se parasen a pensar sobre este hecho y reflexionaran acerca de sus propias vidas, ya estaría satisfecho.

Una forma de vida dura, rica en relaciones humanas

La isla no contaba con cañerías, sacerdotes, tiendas ni electricidad. La mayor parte de sus habitantes eran analfabetos y cualquier tipo de comunicación humana – desde los simples cotilleos hasta las noticias de una tormenta que se avecinaba – tenía lugar en persona. Los isleños se divertían cantando, bailando y contando historias.

“Los eruditos que la visitaron se enamoraron de aquel modo de vida. Se toparon con algo que no esperaban: una vida que tiraba de ellos con fuerza,” dijo Kanigel. “Era como un antídoto contra la vida moderna.”

Estos eruditos grabaron las historias y poemas nativas, escribieron sobre sus propias experiencias y animaron a los lugareños a que grabaran las suyas, resultando en un valioso cuerpo literario que emergió con gran rapidez desde este pequeño enclave único. Pero Kanigel no intenta volver a imaginar las vidas de estos pescadores gaélico-parlantes. “Mucho se ha escrito sobre la Gran Blasket,” dijo. “Este libro tiene tanto que ver con nosotros – qué se siente al contemplar de frente un modo de vida totalmente distinto – como con ellos.”

Una biografía conjunta

Kanigel dice de su próximo libro: “Es una clase de biografía conjunta… sobre un choque cultural, con héroes y heroínas tanto entre los isleños como los visitantes. Trata del amor, del idioma y de una cultura prolija en folclore, poesía y juego de palabras.”

“Actualmente el mundo se mueve muy deprisa,” continúa Kanigel. “Se han reemplazado las cosas físicas con cosas evanescentes – imágenes en una pantalla. Las relaciones que establecemos están cambiando. Aquí existió una cultura en la que todo sucedía cara a cara.”

¿Qué características de la cultura tradicional siguen atrayendo?

Con todo, incluso mientras se desarrolla la historia de Kanigel, la población de la isla va disminuyendo. Es posible que la vida allí se comparta profusamente, pero resulta una ardua tarea vivir allí, y los jóvenes comienzan a marchar – la mayor parte emigran a América. Ninguno de los eruditos opta por asentarse en la isla y, finalmente, los isleños escogen lo mismo que hicieron nuestros antepasados – marchar hacia la modernidad.

En 1953, la Gran Blasket quedó abandonada y hoy en día, la mayor parte de las casas están en ruinas. Se ha marchado un modo de vida, pero On An Irish Island nos vuelve a dar otra oportunidad para contemplarlo. De los isleños, Kanigel dijo: “Tras marcharse, solían decir:

Tuve que irme pero, ah, fui feliz allí.

  • Crítica aparecida en Kirkus Book Reviews

Un estudio biográfico detallado con profusión de un grupo de intelectuales de inicios del siglo XX, cuyo común amor por una cultura insular que agonizaba ayudó a salvarla de la desaparición.

Kanigel expone su abundante erudición y finura narrativa en esta historia sobre cómo cuatro intelectuales europeos – el clasicista George Thomson, el encargado del Museo Británico Robin Flower y los lingüistas Carl Marstrander y Marie-Louise Sjoestedt – se toparon con un cambio definitivo en sus vidas tras conocer a los habitantes de la isla de Gran Blasket, frente a la costa de Irlanda. Los cuatro viajaron hasta esta remota isla en momentos distintos y por diferentes razones. Thomson siguió el consejo de su amigo y colega Flower y acudió a Blasket buscando el ‘Gaeltacht’, la cultura irlandesa que ya había hechizado a Flower. El noruego Marstrander buscaba examinar los nexos lingüísticos entre los vikingos y los antiguos celtas. La sofisticada parisina Sjoestedt buscaba una oportunidad de estudiar uno de los sistemas lingüísticos más complejos del mundo.

Aunque los isleños vivían en condiciones “primitivas”, los cuatro visitantes quedaron cautivados por la rica cultura de la isla. Entrelazadas a estas biografías superpuestas y a veces cruzadas, encontramos otras historias, como la del dramaturgo John Millington Synge, que fue a la isla para aprender el irlandés oral, y todas aquellas historias de los hombres y mujeres que se convirtieron en amigos de los cuatro eruditos, a quienes amaron y quienes los inspiraron.

Gracias a su influencia, fábulas, leyendas e historias cotidianas, que de otro modo se habrían difuminado hasta desaparecer, lograron abrirse paso en la historia literaria de Irlanda. Las descripciones que encontramos en el libro son típicas de Kanigel: vívidas, comprensivas y minuciosamente encantadoras. Pero lo que vuelve tan conmovedora a la narración es el sentimiento de pérdida que impregna el texto. Mientras el avance del progreso sigue destruyendo culturas como la de Gran Blasket, lo mismo ocurre en nuestras relaciones con una forma de vida más simple, más enriquecedora desde el plano personal.

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