Historia de una pasión


Muchas veces me preguntan por qué me gusta tanto Irlanda. Y mi respuesta suele ser que cómo no me va a gustar una tierra tan bella, con unas gentes tan amables, con su peculiar humor, que saben reírse de sí mismas, con tanta historia a sus espaldas, una historia de superación, con un tesoro musical, literario, teatral, artístico en definitiva, tan extenso, con una lengua antiquísima, etc.

Pero, ¿cómo surgió ese idilio? Hay que remontarse al año 1987, al mes de febrero. En aquellos días, mis padres me propusieron pasar un mes del verano en el extranjero aprendiendo inglés. Obviamente, recibí la noticia entusiasmado, principalmente por el hecho de alejarme de cualquier autoridad y disfrutar de la libertad más absoluta (lo que por aquella época yo entendía como libertad, claro).

Viajar a USA estaba fuera del alcance de las posibilidades de mi familia, así que solo quedaban dos opciones: Londres o Dublín. Por aquel entonces, Dublín, e Irlanda en general, era una gran desconocida para mí. Pero Londres, esa gran urbe, me llamaba la atención. Afortunadamente, otro compañero de clase y amigo mío también se iba a embarcar en la misma aventura. Cierto día nos juntamos él y yo, con nuestros respectivos padres, para analizar las ofertas. Alguien, no recuerdo bien quién fue, nos habló del carácter de los ingleses y del de los irlandeses. Tras algunas comparaciones más, recuerdo que salimos de la reunión con el destino decidido: Dublín. Creo que Enya, a la que escuchaba incansablemente con su álbum Watermark en un casette de los de antes, tuvo algo que ver cuando me enteré de que era irlandesa.

Bendito destino. De aquel viaje con 16 años recuerdo el ‘packed lunch’ de cada día, su sándwich (a veces incomestible), sus ‘onion crisps’, las ‘beans’ que tanta sorpresa me causaban al comerlas entre pan y pan, el Burger King de O’Connell Street, el bus 28A que me dejaba en la Texaco de Fairview y desde donde me encaminaba andando a mi casa de acogida. Recuerdo la amabilidad de mi mamá de adopción y sus 3 hijos (con el padre no hubo mucho feeling), la foto del Papa Juan Pablo II que se veía nada más entrar en la casa y ante la que tenía que inclinarme al entrar en la cocina (para no golpearme con el marco de la puerta sobre la que estaba colgado), los domingos de misa, aburridas como las de España… Y recuerdo dos de las excursiones de día completo que hicimos: Glendalough y Clonmacnoise. Foto aquí, foto allá, foto a diestra, foto a siniestra…

Acabó el mes y volví a casa. Volví decidido a regresar al año siguiente, pero la economía familiar no podía costearme otro verano en el paraíso. Por aquel entonces, no conocía la historia de Irlanda, no me interesaba, solo sabía que me gustaba el paisaje y la calidez de la gente, que me había sentido libre por primera vez en mi vida. Poco más.

Y pasó el tiempo y, si bien es verdad que alguna vez recordaba la isla, no ocupaba un lugar destacado en mis planes: algún futuro viaje para volver a visitar Glendalough y ver a la familia de acogida.

Hasta que llegó el año 1999. En aquel año unos compañeros de la universidad decidimos ir de viaje en el puente de la Constitución. Todos habíamos estudiado filología inglesa, así que, ¿por qué no ir a Irlanda? Nos dirigimos a una agencia de viajes pero no había plazas de avión para ir en esas fechas. Uno a uno fueron olvidando la idea, menos mi amiga Leire y yo. Teníamos que ir. Así que volvimos a la agencia y buscamos otras fechas. Finalmente conseguimos organizar un viajecito que nos llevaría dos noches a Londres y, de allí, una semana a Irlanda. Nos fuimos para allí con todo cerrado, las noches en diferentes puntos de Irlanda, el bonobús para desplazarnos por allí… Tan solo teníamos que acudir al hostel de  Mountjoy a canjear dichos vales.

Para nuestra sorpresa, no había nada reservado. Tras remover Roma con Santiago conseguimos al menos no pagar nada, aunque había que retocar cruelmente el viaje: 2 noches en Dublín, 3 noches en Glendalough y de nuevo otras 2 noches en Dublín.

Disfrutamos del paisaje, nos pegamos nuestras caminatas, y sufrimos una nochevieja en Dublín, la entrada al año 2000. Recuerdo que dije que no volvería a pasar otra nochevieja fuera de Bilbao. Todo cerrado y todos los irlandeses desenfrenados. Y nos volvimos a España. El viaje había estado bien, pero tampoco me enganchó a Irlanda de manera definitiva.

En marzo de 2000 me apetecía la idea de ir como monitor con un grupo de chavales a Irlanda. Así que, tras ver un anuncio en el periódico que buscaba monitores, me presenté a la entrevista y me confirmaron que había sido seleccionado. Quedamos en que me avisarían del destino al que iría ese mes de julio. Recuerdo que estaba en una clase en la academia en la que trabajaba cuando sonó el móvil. Salí de clase, contesté y me dijeron el destino: Kilkenny. ¿Dónde está eso? Pero suena bien…

Allí me fui, y en ese mes se produjo el encantamiento. Mientras los chicos estaban en clase, yo me dediqué a leer libros, a hablar con la directora, y poco a poco acabé prendado. Fui a vivir a Dublín, pensando que allí estaba mi lugar, pero por motivos que no vienen a cuento, salió mal la experiencia. Repetí estancia en Kilkenny en verano del 2001 y 2002. En todos esos años conocí gente con la que aún me unen lazos de amistad, en algunos casos muy estrechos. Disfrutamos a lo grande.

En 2003, por motivos de trabajo, no pude repetir la experiencia en Kilkenny. Irlanda ya era algo que sentía como propio, me había atrapado sin condición. Un viaje fugaz de 3 días a Kilkenny en agosto de 2006 me sirvió de poco.

Y en 2006 comencé con este blog, un blog que me ha ayudado a conocer más la historia, cultura, arte, paisajes, historias, leyendas, noticias de nuestra amada isla esmeralda. Y gracias a él he conocido a mucha gente que comparte la pasión por esta tierra. Afortunadamente, en estos últimos años he tenido la suerte de poder viajar varias veces allí (creo que han sido 7 viajes en 4 años), recorrer muchísimos rincones y en cada viaje descubro algo nuevo, algo que no hace sino aumentar la pasión por Eire.

4 Respuestas a “Historia de una pasión

  1. Me ha encantado vernos en la foto!!! Cuánto tiempo!!!!!! Qué bien me lo pasé chicos!!!! Fue un verano genial!

  2. La misma pasión que compartimos y que me ha hecho conocer a gente cmo tu, Chesús, Mariangeles etc….. todos unidos por el mismo afán, volver y volver a Irlanda, oir su música, añorar su color y su olor. Y me siento muy catalana, pero lo que es cierto es que hay una parte de mi irlandesa, cuado llego allí es como volver a casa. Mi sueño…. ser una viejecilla encantadora tomando el sol en los polock holes de Kilkee, viviendo ese ritmo de vida tranquilo y sereno.

  3. Me ha encantado tu “flechazo” con Eire. Algún día te contaré el mío con esa maravillosa “amante” que , nada tiene de egoísta pues nos comparte con muchos y nos hace sentirnos parte de una gran y maravillosa familia. Un abrazo
    SALTAMONTES

  4. enganchado a Irlanda …necesitamos la dosis..afortunado tú que aun puedes viajar ,3 veces para mí han sido pocas…espero con todo mi corazón volver a repetir la experiencia..gracias por tus pequeñas dosis de IRISH time

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