Las cuevas de Kesh


En un día despejado,  al mirar desde el interior de las cuevas, uno se topa de bruces con un extenso y magnífico panorama: la fértil planicie salpicada de lagos del sur de Sligo, el este de Mayo y Roscommon, y las tierras altas de Mayo hasta Achill, Croagh Patrick y Maamtrasna, con los lagos Mask y Corrib centelleando en la distancia. Para los exploradores de grutas, el repentino cambio entre las galerías poco iluminadas y la perspectiva sublime encuadrada por las bocas de la cavernas siempre ha sido una fuente inagotable de placer.

Scharff, R.F. The Exploration of the Caves of Kesh, 1902.

Situadas en la carretera R295, entre Ballymote y Boyne, al sur del condado de Sligo, acceder a las Cuevas de Kesh es un poco azaroso. Se trata de una fuerte pendiente a lo largo de una colina plagada de ortigas. Pero la vista desde la Cueva de Cormac (la mayor de todas), o desde cualquiera de las demás, explica de sobra la razón por la que sirvieron de inspiración a las leyendas que versan sobre ellas.

Es preciso un ascenso aún más arduo, entre tojos y brezos, si se quiere llegar a la cima de la colina, llamada la Montaña del Rey. En lo alto, encontramos  Keshcorran, una cueva artificial, una tumba de corredor de la Edad de Piedra.

El ‘cairn’ (túmulo de piedras) de Keshcorran, de 30 metros de diámetro, probablemente contiene una tumba de corredor que no ha sido excavada. El ‘cairn’  se levanta dentro de un recinto mayor que bien pudo ser utilizado como lugar de asamblea en tiempos prehistóricos para conmemorar a aquellos inhumados en su interior.

La exploración de varias de las cuevas llevada a cabo en 1901 encontró pocas evidencias de que hubiesen sido habitadas desde tiempos remotos. Los arqueólogos concluyeron que las cuevas no fueron habitadas por seres humanos antes de los siglos VIII-XI. Los escasos restos humanos, junto con una gran variedad de huesos de oso pardo europeo y sus presas, sirvieron como prueba para las conclusiones de los estudiosos del lugar:

Solo podemos hacer suposiciones acerca de la razón por la que estas cuevas tan apropiadas para la vida humana no fuesen habitadas en épocas remotas. Es posible que los numerosos restos de oso encontrados en las cavernas proporcione una explicación y que la más tardía y frecuente presencia del hombre indique que el oso estaba extinguiéndose, o ya se había extinguido, en estos lares.

Scharff, R.F.

En 1904, Lady Gregory contaba uno de los mitos de la montaña encantada de Keshcorran. En este cuento, una partida de caza, acompañada por el arpista Corann, salió del palacio de Brú na Boínne (Newgrange) en persecución de un diablo con forma de cerda gigante que estaba provocando destrucción y muerte en los alrededores. Esta cerda no era otra que Deirdre, de los Túatha Dé Danann, hechizada por haber comido bellotas mágicas. Se la conocía por el nombre de Cael Ceis. Fue la música de arpa de Corann la que cautivó al animal, permitiendo que los guerreros acabasen con ella. Su gran cuerpo se convirtió en la montaña de Keshcorran.

La cueva más grande de todas es la Cueva de Cormac, y según cuenta otra historia, fue en ella donde el Alto Rey más afamado, Cormc Mac Airt fue criado por el lobo que lo arrebató a su madre. De este rey derivaría el nombre de Montaña del Rey.

Tal vez la historia más dramática, que incluye en ella a Fionn Mac Cumhail y su banda de guerreros, así como hadas y brujas, es la llamada “La cueva encantada de Kesh Corann”. Los guerreros de Fionn, los Fianna, se encontraban cazando jabalíes en la zona mientras Fionn observaba la cacería desde lo alto del monte. Por desgracio, Fionn no había pedido permiso para tal cacería a Conoran, que gobernaba el lugar desde el palacio de las hadas que se encontraba dentro de una de las cuevas de Kesh. Conoran envió a tres brujas (sus hijas) para castigar a Fionn por entrar en sus tierras sin autorización. Las tres hermanas dispusieron una trampa para atrapar a Fionn y lo ataron con una cuerda mágica que hizo que se volviese tan débil como un anciano. Finalmente, él y sus guerreros consiguieron escapar gracias a un aliado que decapitó a las tres brujas.

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