Dingle 2011 – Día 2


Destrozado, así estoy al final del día. No siento los pies, bueno, los siento, pero dañados. Vamos por partes.

Tras un full Irish breakfast (si me ve mi médico, deja de hablarme), he puesto rumbo a Dingle. El cielo amenaza lluvia y sopla el viento con gran fuerza. Al parecer, estos días la cola de un huracán se pasea por estas zonas y el viento alcanza rachas de más de100 km/h. ¿Y qué más da?

Comienzo a caminar por unos senderos que corren paralelos al mar. Entre pastos, vacas, barro y viento voy avanzando hacia algo que se levanta al fondo, Hussey’s Folley, una torre que se construyó durante los años de la hambruna y que pronto se convertiría en torre vigía. El camino es arduo, pero no tiene peligro.

Haciendo caso a la guía local que he devorado estos días, decido proseguir, pasando por el faro y siguiendo hasta alcanzar Beenbane Head, un promontorio elevado con acantilados de los que me gustan. Y es entonces cuando la cosa se complica. Arrecia el viento y el camino se estrecha. A la izquierda, alambrada. A la derecha, acantilados. Pero no pienso dar marcha atrás. He dicho que llego a Beenbane Head y llegó. Además, un lugareño que iba delante de mí con su perro, ha logrado pasar. Pues yo, igual.

Creo que jamás he pasado tanto miedo, el viento casi puede conmigo, el senderito de no más de un metro, mojado, con piedras y altas hierbas que impedían ver si bajo ellas había tierra firme o el vacío. Finalmente, avanzando por momentos casi a cuatro patas, alcanzo la playa de Beenbane y me dispongo a subir al promontorio. Cuando comienzo el ascenso, el lugareño con su perro se cruzan conmigo y me comenta que la cosa está mal arriba, que hace muchísimo viento y que él, que lleva recorriendo ese camino durante 5 años, nunca había visto nada igual. Me pregunta cómo he conseguido atravesar la zona estrecha hasta llegar a la playa y le contesto que con bastante miedo. Amablemente me indica que se puede volver a Dingle por la carretera y que quizás sea una buena opción. A menos que quiera arriesgarme a caer acantilado abajo. Se lo agradezco pero yo tengo que subir a Beenbane Head primero.

¡Qué vendaval! Tras un descanso, tumbado para intentar esquivar el viento, vuelvo a Dingle. Y como el estómago ya aprieta, escojo un pub cualquiera, el MacCarthy’s, y me meto un shepherd pie regado con3 pintasde Guinness. Olé.

Hay que bajar la comida, así que nada mejor que recorrer Dingle, calle arriba, calle abajo, colina arriba, colina abajo. Mis pies me susurran que ya es suficiente por hoy. Hagámosles caso, que quedan días por delante. Cojo el coche y me voy a dar un garbeo por el oeste de Dingle, a ver si encuentro algo fácil de alcanzar, porque tengo los pies y las piernas cansadillos. Pero no, Fer, la cabra tira al monte.

Por la mañana, desde el otro lado de la bahía había visto algo en la cumbre de un monte. Y ahora, lo tengo más cerca, ahí arriba. ¿Y si subo la montaña para verlo y de paso sacar unas fotos? Una caseta con un cartel indica que para subir el monte hay que pagar 2 euros y que, si no hay nadie en la caseta, amablemente se despositen los 2 euros en una cajita destinada a tal efecto. Bueno, dejo los 2 lereles y ale, a trepar entre ovejas, fango, piedras… Los pies ya no susurran, claman. ¡Déjalo por hoy, por Dios!

Pensé que no llegaba, pero llegué. Eask Tower, construida en 1847 con el fin de dar trabajo durante los años de hambruna. La verdad es que no sé para qué serviría, ni su brazo de madera que señala hacia la bahía. Tendré que mirarlo en internet. A su lado, unos restos de hormigón, antiguo puesto de vigilancia durante la II Guerra Mundial.

Desciendo torturando de nuevo a mis pies y piernas. Cojo el coche y vuelvo al B&B. Tras la ducha, repaso a las fotos y vídeos y al diario de viaje. Ahora, bajaré a comer algo al pub y a tomarme unas pintas mientras leo algunos poemas de Yeats. Y el día está hecho, ¿no? Pero, quietos, el día no ha acabado. No veo la TV, no tengo internet, pero tenía en el ordenador la película ‘El Prado’. No la había visto antes y me pareció un buen momento. Escalofriante. No puedo decir más ahora, en el silencio desgarrado por el fuerte viento que azota esta parte de la isla. Intento ponerme en la piel de esas personas que perdieron sus tierras, que murieron de hambre en las cunetas de los caminos, que decidieron no emigrar. Intento sentir lo que ellos sentían, desde el calor de mi cama, bajo un edredón mullido, mientras miro por la ventana y sólo veo oscuridad y escucho el fuerte viento y la lluvia golpeando los cristales. Los lugares en los que he estado hoy están ahí, entre las nubes, la bruma, el viento y el agua. Y finalmente, cierro los ojos.

3 Respuestas a “Dingle 2011 – Día 2

  1. Hay momentos en los que me he sentido allí, gracias por compartir tus sensaciones. Ahora, una cosa me ha quedado clara, de ir contigo a Irlanda ná de ná, que no estoy yo para esos trotes, XDDDDDD. Un besote mozuelo, y mañana mas!

  2. Hermoso todo Fer, podías un día de esto agregar uno de esos poemas que estás leyendo de Yeats???

  3. SENCILLAMENTE PRECIOSO.
    Un abrazo,
    Saltamontes

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