El Levantamiento de Pascua visto por un periodista


Recojo un artículo del New York Times que hace referencia al Levantamiento de Pascua (1916). El artículo está escrito el 2 de mayo de 1916 y narra los acontecimientos acaecidos en aquellos días en Dublín. Al final de la entrada podemos ver un vídeo rodado los días posteriores.

LA REVUELTA DÍA A DÍA

Cronología desde el inicio hasta el fracaso

Poco a poco se vuelve a la normalidad en Dublín y ya es posible ofrecer el primer informe completo de los sucesos de la pasada semana. Hasta el momento las noticias del levantamiento de Dublín han salido a la luz de manera fragmentada, debido a la interrupción de las comunicaciones telegráficas, la censura y a las diferentes versiones. El fracaso de la revuelta ha eliminado en gran parte estas trabas y ahora puede hacerse un relato cronológico de los acontecimientos de la rebelión que comenzó el pasado lunes, a través de informaciones obtenidas de fuentes oficiales.

Cuando los férreos oponentes al poder británico en Irlanda proclamaron la república [el domingo de Pascua], su actuación se consideraba por lo general como una simple demostración de fanatismo. Sin embargo, pronto se descubrió que no se trataba de una simple manifestación, sino un estallido organizado y con fuerza suficiente como para estrangular la vida en la capital y forzar a las autoridades a solicitar apoyo militar de Inglaterra. Las autoridades militares y civiles no consideraron en ningún momento la revuelta una amenaza para el gobierno, ni dudaron de su capacidad para manejar la situación de manera rápida tan pronto como se comprobara la magnitud de la misma.

LUNES

El primer movimiento fue la entrada en la Oficina General de Correos de miembros del Sinn Fein, muchos de los cuales vestían el uniforme de los Voluntarios Irlandeses, cuerpo creado cuando los habitantes del Ulster se organizaron para rechazar el autogobierno de Irlanda y cuya intención era resistir cualquier intento desde el Ulster de oponerse a la ley de autogobierno. El grupo entró en la oficina de manera pacífica, pidiendo a los trabajdores que abandonasen sus puestos mientras cortaban las comunicaciones con el resto de Irlanda y con Inglaterra.

Los rebeldes colocaron centinelas armados en puertas y ventanas e impidieron la entrada al edificio de soldados o policías.

Poco después de que se abriese el fuego en las calles colindantes, los rebeldes comenzaron a disparar a cualquier persona vestida de kaki. Así, bastantes agentes y militares murieron en los primeros mínutos de la revuelta.

Las autoridades, que al principio no se encontraban preparadas para enfrentarse al levantamiento, ordenaron la retirada inmediata de los policías y del ejército, pues no estaban armados. Mientras, los rebeldes, siguiendo con el plan pre-establecido, sitiaron otros lugares de la ciudad. Tomaron el Ayuntamiento, el Liberty Hall, y Stephen’s Green, ocupando también varias casas de la calle Sackville y sus proximidades. Sus centinelas patrullaban el centro de la ciudad y se colocaron francotiradores en los tejados y ventanas de los edificios. También se intento sitiar el Castillo de Dublín, pero la escasa Guardia Real Irlandesa y soldados que se encontraban allí lograron impedir que los rebeldes fuesen más allá del portón de entrada, cuyos guardias fueron asesinados.

Las autoridades se veían incapaces, con las fuerzas con las que contaban,  de forzar la retirada o intentar combatir a los rebeldes, quienes, sin embargo, cometieron un grave error que a la postre les costaría caro. Se olvidaron, o no consideraron oportuno, de la centralita telefónica, de modo que las autoridades pudieron solicitar ayuda a los militares de Camp Curragh, situado a unas 30 millas. En ese momento, se envió de inmediato un elevado número de tropas a la capital.

MARTES

Por la mañana, la situación permanecía prácticamente invariable, excepto porque el número de rebeldes había aumentado y se habían dispersado en pequeños grupos por la ciudad. Por todos los barrios de Dublín se sucedieron los disparos a lo largo del día, provocando varias bajas entre soldados, rebeldes y civiles. Estos últimos fueron quienes salieron peor parados, pues desconocían la verdadera gravedad de la situación.

No se realizó ningún esfuerzo por desalojar a los rebeldes de sus bastiones puesto que el número de militares disponibles era aún insuficiente para tal propósito. La cúpula militar de Londres había sido informada y un buen número de tropas estaba en camino para enfrentarse a la rebelión en algunas horas. El martes por la noche aún se podía ver a dublineses paseando por las inmediaciones de la calle Sackville.

MIÉRCOLES

Por la mañana, las autoridades idearon un plan para controlar la situación y comenzarón a organizar a las tropas, estableciendo un gran cordón de hombres alrededor de las tres principales zonas ocupadas por los rebeldes: la calle Sackville, Stephen’s Green y Four Courts. Este movimiento de tropas provocó enconados enfrentamientos y derramamiento de sangre. El fuego cruzado se adueñó de la ciudad. Los rebeldes recibian gran cantidad de munición y la utilizaban con tanta ligereza que se volvió peligroso caminar unos metros en la calle o sentarse en una ventana.

Para la tarde, ya se habían definido bastante ambos bandos y las áreas que ocupaba cada uno. Los militantes del Sinn fein no permitían el paso de nadie que no portase la autorización escrita de sus líderes, y los militares, por su parte, establecieron la ley marcial, restringiendo la circulación de los civiles a las calles en las que residían. Todos tenían prohibido salir de sus casas después de anochecer y antes del amanecer.

Los soldados de servicio que se encontraban en los extremos de las calles estaban obligados a permanecer a cubierto de las balas enemigas que procedían desde cualquier parte y ángulo. A lo largo del día, una lancha cañonera surcó el Liffey, descargando varios obuses contra el Liberty Hall, ocupado por un buen número de oficiales rebeldes, y pronto lo destruyeron. Los cordones de militares poco a poco se aproximaban cada vez más a los puestos fuertes de los rebeldes y el cruce de disparos se volvió más repetitivo y furioso.

JUEVES

Para el jueves, la ciudad se encontraba bajo una auténtica lluvia de balas y el sonido de los fusiles era un estruendo continuo. El corresponsal de AP (Prensa Asociada), junto con otros periodistas, cruzó frente por el norte del  muelle de Customs House y, de allí, por la carretera circular, mientras las balas rebotaban en los muros y el suelo de los alrededores. Los rebeldes que mantenían cierta posición de fuerza ocuparon un molino en la zona sur, desde el que hostigaban a las tropas de la parte norte hasta que las autoridades decidieron emplear la artillería para desalojarlos. Una docena de obuses hizo el trabajo y los rebeldes se retiraron a una destilería abandonada ,ás al sur, desde donde aún podían causar muchos problemas.

Algo más tarde, la artillería naval y terrestre dirigió su atención hacia este lugar. en lo alto de la destilería ondeaba una bandera rebelde verde. El bombardeo fue espectacular. Sólo se dispararon 48 obuses, y todos y cada uno de ellos impactaron en la destilería, pero no consiguieron derribar el mástil con la bandera, que permaneció colgando por uno de los muros laterales incluso después de que los rebeldes decidieran que era el momento de evacuar el edificio. Mientras, la lucha se volvía más encarnizada en la zona de la calle Sackville.

VIERNES

El tiroteo de los francotiradores rebeldes se havía vuelto tan frecuente que el oficial de artillería al cargo decidió bombardear la Oficina de Correos and las casas del barrio. Se habían disparado 8 obuses contra el edificio de la Asociación de Jóvenes Cristianos, 2 contra el Club católico y 2 contra la Oficina de Correos cuando el oficial superior ordenó el alto el fuego puesto que algunos edificios estaban ardiendo y se pensaba que la ciudad entera corría peligro. Llegaron nuevas tropas de refuerzo y se estrecho aún más el cordón militar, aunque este acercamiento se vio acompañado de un recrudecimiento de la pelea.

Los rebeldes incendiaron diversos lugares con la esperanza, según se informó,  de que las llamas alcanzaran el Castillo. Por la noche, el cielo de la ciudad se veía iluminado a millas de distancia, con fogonazos intermitentes aquí y allá. La calridad esbozaba la bandera rebelde verde que ondeaba sobre la Oficina de Correos. Se podía ver a los rebeldes caminando sobre el tejado, donde las llamas fueron aumentando su intensidad. Con posterioridad, se descubrió que los rebeldes habían derramado petróleo sobre el edificio y lo habían prendido fuego antes de evacuarlo y retirarse al Coliseum, donde volvieron a entablar una feroz batalla.

SABADO

A primeras horas de la mañana, se anunció que los líderes de la revuelta habían solicitado que se les permitiera rendirse incondicionalmente puesto que su comandante en jefe, J.H. Pearce había resultado herido en la pierna y se informó que James Connolly, comandante de las tropas rebeldes había sido herido de gravedad. Este día no se supo cuántos rebeldes se rindieron, junto con sus líderes, a las tropas militares, pero su acción provocó una inmediata disminución de los tiroteos y la ciudad quedó en relativa calna. Sólo quedaban dos zonas en poder de los rebeldes por la noche y se veía con nitidez cómo los militares les iban estrechando el cerco hasta que, finalmente, tendrían que capitular.

Grupos aislados continuaban disparando a las tropas, mientras claramente desconocían la captura de sus líderes, aunque esa misma tarde ya era posible caminar por las calles sin correr un excesivo peligro debido a posibles balas perdidas. El representante de AP recorrió dos veces la ciudad para hacerse una idea de los sentimientos de la población hacia la rebelión, que para entonces había sido sofocada por completo. Algunos hombres, principalmente del grupo de trabajadores del transporte, se veían cariacontecidos pues esperaban más de un movimiento planeado durante tanto tiempo. La mayoría de la población, sin embargo, se mostraban indignados con un estallido que consideraban  obra de fanáticos y que nunca tuvo la más mínima oportunidad de triunfar.

DOMINGO

El desplome final de la revuelta se produjo este día, ocurrió lo esperado y el principal grupo de rebeldes de Dublín se rendió a lo largo del día, comenzando por la mañana cuando quienes se habían hecho fuertes en el colegio de Cirujanos se dieron por vencidos. La Condesa Markievicz, de quien se decía que era uno de los cabecillas, fue uno de los prisioneros.

En una proclamación emitida por J.H. Pearce, como ‘Presidente Provisional’. se aconsejaba la rendición de todos los rebeldes, dado que los miembros del gobierno provisional hacían acordado una rendición incondicional “con el fin de detener la matanza de más personas desarmadas y con la esperanza de salvar la vida de nuestros seguidores, que se encuentran rodeados y desgraciadamente, son muchos menos”. Fuera de Dublín, sin embargo, continuó la lucha en algunos lugares, pero se enviaron mensajes de los líderes llevando la noticia de que el movimiento se había derrumbado y ordenando a los diferentes cuerpos rebeldes que se rendieran.

LUNES

Este día se supo que todos los líderes rebeldes se habían rendido y que el número total de prisioneros en Dublín había alcanzado la cifra de 1.000. El traslado de los rebeldes capturados hacia Inglaterra estaba en marcha y se supo que casi 500 de ellos fueron llevados a través del Canal. Prosiguió la rendición de otros grupos fuera de la ciudad, principalmente en Enniscorthy, que resistieron con persistencia pero que se anunció que se habían rendido sin condiciones.

Volviendo al comienzo del estallido, se sabe que las autoridades, aun reconociendo enteramente su seriedad, tenían la certeza desde el primer momento de que los rebeldes serían reprimidos en un razonable corto espacio de tiempo tras la sorpresa inicial. El gobernador Lord Wimborne expresó desde el comienzo su confianza. Quien más sufrieron durante la rebelión fueron los cientos de miles de ciudadanos pacíficos, hombres, mujeres y niños, que se vieron obligados a permanecer en sus casas y no fueron capaces de obtener la comida suficiente, aun existiendo vastas reservas en la ciudad. Las autoridades comenzaron a organizar la ayuda a la gente, y durante el viernes y el sábado se escoltó a grupos de mujeres y niños hasta los depósitos de provisiones, donde se les entregó gran cantidad de provisiones.

Para el sábado por la noche, Dublín había recuperado prácticamente su rutina habitual, con la excepción de algunos incendios. Aún no habían abierto los comercios pero las calles estaban iluminadas y, en vista de los acontecimientos que habían vivido durante la semana, resultaba interesante volver a leer la consigna de la ciudad en cada farola, que rezaba en latín: “Cuando los ciudadanos obedecen, reina la paz en la ciudad.”

 

 

Una respuesta a “El Levantamiento de Pascua visto por un periodista

  1. Gracias! Fer Txu…un post más que interesante.Además, podemos confirmar que los errores de la prensa tienen vieja data…jejeje. Hay unos cuantos que se dejan colar…

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