Las ovejas de Glennkill


—Ayer estaba sano —dijo Maude. Sus orejas se movían nerviosamente.

—Eso no significa nada —repuso Sir Ritchfield, el carnero más viejo del rebaño—, ya que no ha muerto de enfermedad. Las palas no son ninguna enfermedad.

El pastor yacía junto al establo, cerca del camino, en la verde hierba irlandesa, inmóvil. Una corneja se había posado en su jersey noruego de lana y miraba en su interior con interés profesio¬nal. A su lado había un conejo con aire satisfecho. Algo más lejos, cerca del acantilado, se reunía el consejo de ovejas.

Habían conservado la calma al hallar a su pastor esa mañana inusitadamente frío e inerte, y se sentían muy orgullosas de ello. Claro que con el susto inicial habían dado algunos gritos irreflexivos: «Y ahora ¿quién va a traernos heno?» O: «¡Un lobo! ¡Un lobo!» Pero Miss Maple se había ocupado con presteza de que no cundiera el pánico. Explicó que, en cualquier caso, a mediados de verano en los pastos más verdes y ricos de Irlanda sólo un tonto comería heno, y que ni siquiera los lobos más astutos les clavaban a sus víctimas una pala en el cuerpo. Y no cabía duda de que se¬mejante herramienta sobresalía de las vísceras del pastor, hume¬decidas por el rocío.

Así comienza esta novela de Leonie Swann (Munich, 1975).  Nos encontramos ante una historia de intriga y misterio como podrían existir otras muchas: en el aparentemente apacible pueblo de Glennkill ha sucedido un asesinato; un pastor ha sido hallado muerto con una pala clavada en el cuerpo, las circunstancias son de lo más extrañas y pronto alguien se pondrá a la tarea de descubrir el cómo, el porqué y el quién de tan macabro suceso. Lo original del tema es que ese “alguien” serán las ovejas del propio rebaño del pastor muerto. Un rebaño heterogéneo, donde todas las clases de ovejas parecen estar bien representadas: desde la más inteligente a la más audaz pasando por la “memoriosa” y la soñadora.

No son ovejas antropomorfizadas, en absoluto; no pueden hablar en el idioma de los humanos, ni realizar tareas que requieran una habilidad manual fuera del alcance de una oveja normal. A parte de la capacidad de comunicarse entre ellas, lo único que se sale de la “norma” es que su pastor les leía libros todas las noches y a partir de esas lecturas (sobre todo novelas románticas, pero también algún tratado sobre ganado lanar y sus enfermedades, algún cuento de hadas y una novela policíaca que no llegó a terminar) ellas se han creado unas muy peculiares ideas sobre el mundo de esos seres tan extraños y enigmáticos que son los humanos.

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