Gaélico, Arán, 1900


Una rama de la Liga Gaélica ha empezado a operar aquí desde mi última visita a la isla, y todos los domingos, a primera hora de la tarde, tres niñas atraviesan el pueblo tocando una campanilla de sonido estridente para anunciar que va a tener lugar la reunión de las mujeres; sería inútil aquí fijar una hora concreta porque no existe un concepto claro de las horas del reloj.

Poco después, bandadas de muchachas -de todas las edades, de los cinco a los veinticinco años- empiezan a salir de sus chozas y se dirigen en grupos al edificio de la escuela, ataviadas con sus enaguas más rojas. Es extraordinario que estas mújeres jóvenes estén dispuestas a pasar su única tarde libre en laboriosos estudios de ortografía, sin que haya razón que las obligue a hacerlo, a no ser su vaga y reverencial admiración por la lengua gaélica. Es cierto que deben esta admiración, o la mayor parte de ella, a la influencia de algunos recientes visitantes, pero no obstante el hecho de que se dejen influir con tanto entusiasmo es de por sí interesante.

En la generación anterior, que no estuvo sometida a la influencia del reciente movimiento lingüístico, no noto ningún afecto particular por el gaélico. Cuando pueden hacerlo, hablan en inglés a sus hijos, para capacitarlos mejor para defenderse en la vida. Hasta los hombres jóvenes me dicen a veces:

– Su inglés es muy difícil y ojalá yo pudiero tenerlo parecido.

Las mujeres son la gran fuerza conservadora en esta cuestión del lenguaje. Aprenden un poco de inglés en la escuela y de sus padres, pero tienen raras ocasiones de hablar con alguien que no sea un nativo de la isla, así que su conocimiento de la lengua extranjera permanece rudimentario. En mi choza no oí nunca a las mujeres pronunciar una sola palabra en inglés excepto cuando hablan con los cerdos o los perros, o cuando la muchacha estaba leyendo una carta en inglés. No obstante, las mujeres con un temperamento más firme y enérgico, que han tenido, aparentemente, las mismas oportunidades, consiguen a menudo considerable fluidez en la lengua, como es el caso de una de ellas, parienta de la abuela, que visita a la familia con frecuencia.

En la escuela de los chicos, donde entro a menudo, los niños me sorprenden con su conocimiento del inglés, aunque hablan siempre en irlandés entre ellos. La escuela es un edificio carente de comodidades y situado en un lugar terriblemente desolado. En tiempo frío, los niños llegan por la mañana con un pedazo de turba atado a los libros, una especie de peaje que mantiene el fuego bien alimentado; sin embargo, creo que se va a introducir pronto un método más moderno.

John M. Synge, Las Islas Arán.

Una respuesta a “Gaélico, Arán, 1900

  1. En dos palabras, im-presionante. O como dirían estos araneses, suntasach.😉
    Slán leat,
    Chesús

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