Siempre quise ser valiente (4)


CAPITULO 4

El otoño en Irlanda empieza en agosto. Los días son mucho más cortos. El sol se vuelve más tímido y sus apariciones en el cielo son meramente testimoniales. Sigo aquí, parece querer decir, no me olvidéis. Y las nubes se ríen de él, le rodean e intentan apagarlo con su lluvia. Pero Alex sabe que no podrán extinguir su ardor, su fuego, que tarde o temprano resurgirá imponente por el horizonte y se erguirá orgulloso en su cenit.

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Brian pasó a formar una parte muy importante de su vida. Era su primer amigo irlandés. Sus padres tenían razón cuando le aseguraron que los irlandeses son personas abiertas, muy parecidas a los españoles, y no como los ingleses, tan orgullosos ellos, tan altivos, tan regios, tan hijos de la Gran Bretaña. Brian era el prototipo de irlandés: sencillo, comunicativo, pelirrojo y algo pecoso. Pero tenía cierto encanto, quizás debido a esa misma sencillez y cercanía en el trato. Alex dejó de asistir a las clases particulares. Las largas charlas con Brian, tantos momentos que compartían juntos, hicieron innecesario seguir la rutina de las clases.

 

Brian ejerció de guía turístico. Le enseñó la pequeña ciudad con todo detenimiento. Cada día, lo llevaba a un sitio distinto y le contaba la historia, o la leyenda, asociada al lugar en cuestión. Alex empezaba a amar su prisión. Brian había sido la lima que desgastaba los barrotes entre los que estaba encerrado.

 

Querido Egoitz:

Te escribo unas breves líneas para decirte que te quiero, que no te olvido y que, por fin, tengo un amigo aquí. Se llama Brian y vamos a ir a la misma clase este año. Es muy majete y me está enseñando la historia de Kilkenny. Gracias a él estoy empezando a disfrutar de esta bella tierra. Ojalá estuvieras aquí con nosotros. Empiezo a ser todo lo feliz que se puede ser teniendo en cuenta que mi amor está muy lejos de mí.

Tengo malas noticias. No iré a Bilbao en Navidades. Mi padre no puede dejar el trabajo en esas fechas y no creo que me deje ir a mí solo. Te prometo que lo intentaré porque necesito sentir tu mano entre mis manos, necesito sentir tus brazos rodeándome, necesito sentir tus labios en mi cuello, necesito estar tumbado junto a ti, besarte, sentirte cerca, mirarme en tus ojos, susurrarte al oído que te quiero. Te quiero, Egoitz. No lo olvides. Agur.

 

El quince de agosto, Alex y Brian visitaron Black Abbey. Entraron entre sus muros y se sentaron en los bancos situados frente al altar. Brian se arrodilló y comenzó a musitar una oración. Alex no solía acudir a la iglesia y se limitó a observar las preciosas vidrieras del siglo XIII que adornaban la parte trasera de la nave central. Permanecieron allí quince minutos, el tiempo que necesitó Brian para salir del estado de trance en el que se había sumergido.

 

Dos días después, entraron en el castillo. Alex lo había contemplado por fuera casi todos los días y deseaba conocerlo por dentro. Su interés por todo lo relacionado con Kilkenny iba en aumento. Recorrieron todos los aposentos, los dormitorios, los salones, el comedor…

 

– Mira, Alex, en el siglo XVII, cuando un chico y una chica estaban prometidos, no podían hablar a solas. Fíjate en ese sillón. Parece un sofá redondo, ¿verdad? Pues el chico y la chica se situaban espalda contra espalda y dos adultos se colocaban a su lado para controlarlos. Sólo les estaba permitido tocarse las manos.

– Joder, Brian, vaya cosas más raras.

– Y el castillo y el parque, hasta hace sólo quince años, pertenecían a una familia inglesa. Putos ingleses. Todo esto era suyo, lo tenía cerrado a cal y canto y no podíamos entrar. Pero por fin, el último descendiente de la familia lo donó a la ciudad en 1987.

 

Se acercaba el comienzo del curso. Alex se sentía inquieto. Brian era su único amigo. Había llegado la hora de proponerle conocer a sus propios amigos, si es que los tenía.

 

– Brian, ¿por qué no salimos esta noche a dar una vuelta? Tengo ganas de entrar a uno de los famosos pubs irlandeses.

– Lo intentaremos, – dijo Brian riendo. Pero aquí si no tienes 18 años no entras. Y tú tienes todavía cara de crío. No sé si va a colar.

– Pero por intentarlo… Y tráete a tus amigos. Así los conoceré un poco.

– Sí, es buena idea.

– ¿Quedamos a las 8 en la puerta del castillo?

– Vale, hasta luego.

 

HERE IN IRELAND

Ei, foreros! Ya os pensabais que me habia olvidado de vosotros? Estoy en Kilkenny, en un ciber. Ya podeis perdonar, pero aqui no hay acentos ni la letra posterior a la ‘n’ (escribiré -gn-, vale? Tampoco hay inicio de interrogacion. (Vaya lio, con lo que me gusta escribir bien).

Pues llevo aqui casi dos meses y ya me he ido haciendo a esto. He conocido a un chico muy majeton que me acompagna a todos lados. Sigo echando de menos a Egoitz, lo quiero mucho, pero la vida sigue (life goes on, jeje). Estoy decidido a salir del armario muy pronto. Ya os contare. Un saludo a todos. FOREVER.

(…continuará…)

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