Siempre quise ser valiente (1)


Voy a rescatar un relato que escribí hace algún tiempo y que se desarrolla entre Bilbao y Kilkenny. Aunque tiene algunos tintes autobiográficos, como se dice por ahí “cualquier parecido con personas o situaciones reales es pura coincidencia” (¿o no?). Es algo largo, así que lo separaré en varias entregas. Espero que os guste.

CAPITULO 1

Tic tac… tic tac… tic tac… pi pi pi pi… pi pi pi pi…

 

– Joder, se me olvidó quitar el despertador. Porque hoy es sábado, ¿no? Qué asco.

 

Alex abrió los ojos y tanteó la mesilla hasta que sus manos se toparon con el despertador. Algunos rayos de sol, seguramente los primeros de la mañana, iluminaron la pantalla: las ocho. No había vuelta atrás. Sabía que una vez despierto le resultaría imposible volver a cerrar los ojos y ser presa fácil de Morfeo. Tumbado en la cama volvió a alargar el brazo izquierdo y encendió la radio. Anastacia estaba entonando el estribillo de “You’ll never be alone”. Sin darse cuenta, comenzó a tararear la canción y, finalmente, pasó a cantarla de manera clara. No, nunca estaría solo. Su familia, sus amigos se lo impedirían. Era feliz, todo lo feliz que puede ser un chico gay de 16 años que aún guarda su secreto. La vida le había tratado bien. Era el único hijo de Daniel y Maider, había tenido la suerte de nacer en el ‘primer mundo’ y nunca le había faltado nada: el amor de sus padres, la lealtad de sus amigos, las comodidades propias de la era de la información de la que formaba parte (teléfono móvil, ordenador, conexión ADSL, play station…)

 

Alex se incorporó y levantó lentamente la persiana. Un torrente de luz se apropió de la habitación, iluminando todos los pósters que decoraban las paredes como un mosaico de colores, letras, rostros. Pero un rayo de sol, el más brillante entre todos sus hermanos, fue a parar a una fotografía que ocupaba un lugar destacado. Era la foto de grupo de su clase, enmarcada, colgada junto a su cama. Se acercó a ella y la contempló fijamente, recorriendo uno a uno todos los rostros conocidos que allí aparecían. Sus ojos se detuvieron en un chico jovial, alegre, sonriente, risueño, feliz. Era su mejor amigo, era Egoitz. Entonces recordó.

 

– Hoy es el día que tanto he estado esperando. Estoy acojonado, pero tengo que hacerlo hoy. No puedo esperar ni un día más.

 

Egoitz seguía sonriendo, con su cabello moreno alborotado por el viento. Sus ojos también sonreían, sobreponiéndose a ese aire melancólico de su mirada, esa mirada capaz de hipnotizar a cualquiera. Alex solía pasarse largos ratos intentando descifrar esa mirada, intentando leer esas pupilas verdes. Eran amigos desde los seis años, eran inseparables, iban juntos al colegio, jugaban en el mismo equipo de baloncesto, salían juntos los fines de semana, no tenían secretos. Excepto uno, que Alex no se había atrevido a compartir aún. Pero hoy era el día.

 

Encendió el ordenador, esperó, pulsó la tecla de “Favoritos” y esperó a que se cargara la página. El foro era el lugar donde podía ser él mismo, agazapado detrás de un nombre ficticio, donde no había secretos, donde había aprendido a compartir sus sentimientos. Aún tenía tiempo suficiente para postear un nuevo mensaje antes de emprender la rutina del fin de semana.

 

 

HOY ES EL DIA

Chicos, de hoy no pasa. Hoy voy a hablar con Egoitz y le voy a decir todo lo que siento por él. Confío en que me acepte como soy y nada cambie. Lo conozco bien y creo que seguiremos siendo uña y carne. Pero aún así tengo un poco de miedo. ¡Qué leches! Estoy acojonaíto. Pero tengo que hacerlo. Deseadme suerte.

Un abrazo, FOREVER.

 

 

Cuando oyó que su madre ya se había levantado, salió de su cuarto y, atravesando el largo pasillo, alcanzó la cocina.

 

– Buenos días, ama.

– Buenos días. ¿Qué? ¿Ya has preparado la bolsa? ¿A qué hora juegas?

– A las 12. Todavía tengo tiempo. Voy a desayunar.

– Vale, yo me voy a dar una ducha.

 

Alex desayunó pensando en el día que se le venía encima. A veces sentía que le faltara la respiración, que el corazón se le aceleraba. Vamos, una de las taquicardias propias de su vieja. Preparó la bolsa… ¡Me voy, llegaré sobre las dos!… y salió de casa. El colegio estaba a cinco minutos. Cuando llegó, Egoitz ya estaba allí.

 

A las dos, Alex abría la puerta de su casa.

 

HOY ES EL DIA

Animo, FOREVER, suerte.

 

HOY ES EL DÍA

FOREVER, tú puedes, ya nos contarás.

 

HOY ES EL DIA

Yo creo que tu amigo te va a entender. Ya verás como te acepta. Y quién sabe. Igual él también es gay.

 

HOY ES EL DIA

Gracias chicos. He estado con él. Ya le he dicho que esta tarde quiero hablar con él de algo serio. Ha intentado sonsacarme algo pero le he dicho que a la tarde se lo contaría todo. Se acerca el momento. A ver qué pasa. Un abrazo, FOREVER.

 

A las cinco de la tarde, Egoitz estaba esperando, sentado en el banco donde solían pasarse horas y horas hablando. Estaba radiante: una camiseta blanca con una frase serigrafiada en verde (NO A LA GUERRA), los pantalones vaqueros que llegaban casi al suelo, dejando asomar unas deportivas blancas sin atar. Su cabello moreno, despeinado con mucho cuidado y tiento.

 

– Hola Egoitz. ¿Llevas mucho esperando?

– Qué va. Acabo de llegar. Hace un día de pita madre. ¿Nos quedamos aquí o vamos a dar una vuelta?

– Venga, vámonos por ahí.

 

Egoitz se levantó y le dio a Alex una palmadita en la espalda.

 

– Pedazo partido el de esta mañana.

– Sí, este año ganamos la copa pero fijo.

– Bueno, tío. ¿De qué me querías hablar?

– Pues verás, Egoitz. Es algo que he querido decirte hace tiempo. La verdad es que no sé por dónde empezar.

– Joder, tío, no será para tanto. Empieza por el principio.

– Mejor empiezo por el final.

– Bueno, empieza por donde te dé la puta gana, pero arranca, que me estás poniendo nervioso.

– Pues quiero decirte… vamos, que quiero que sepas… o sea, la movida es que… joder, Egoitz, que soy gay.

 

Egoitz detuvo su caminar, giró la cabeza y miró fijamente a los ojos de Alex. Observó una vez más sus ojos brillantes del color del mar, su pelo moreno, bien arreglado, su rostro de niño.

 

– Alex, no pasa nada. De verdad. Comprendo que estuvieses nervioso, pero no pasa nada. Yo te entiendo. Somos amigos, ¿vale? Sabes que puedes confiar en mí.

– Ya, pero es que hay más.

 

(continuará)

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Una respuesta a “Siempre quise ser valiente (1)

  1. Joder que onda o me dejes con la intriga del final…
    peor si hay alo d eque estoy seguro es que la mejor forma de vivir es diciendo siempre lo que uno pienso y diciendolo en la cara asi cuando nos llegue la hora de partit miraremos para atras y nos pondremos orgullosos x lo que hemos logrado a lo largo de nuestras vidas…

    Un beso grande y te digo que si eres gay esta bien, no hay problema , yo soy heterosexual peor me parece perecto que lagente elija lo que kiere para su vida..
    un saldo y que te chupe un huevo lo que digan lso demas de vos….
    de esa forma la vida se vive mas intensamente..

    😄

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