Irlanda: 1845-1849


La Gran Hambruna, The Great Famine, An Gorta Mor, llamémosla como queramos, no fue la primera en Irlanda, pero fue con gran diferencia la más dura, cruel, persistente y extendida. Las condiciones de miles de pequeños granjeros y sus familias llevaban muchas años siendo precarias. Estando así las cosas, era fácil prever el gran desastre que se avecinaba.

La patata fue llevada a Irlanda a finales del siglo XVI y su popularidad aumentó a gran velocidad debido a que encajaba a la perfección con el clima de Irlanda, aparte de que sus cosechas eran abundantes.

Un hongo llamado Phythphthora Infestans apareció en 1845, aunque ya había sido detectado con anterioridad en USA y Canadá. Casi la mitad de la cosecha de aquel año se infectó y, al siguiente, ocurrió lo mismo con toda la producción. El efecto fue catastrófico para las personas que dependían por completo del tubérculo.

Las casas de acogida, ya de por sí al borde de la saturación, fueron incapaces de dar abasto y mucha gente que se encontraba a sus puertas pidiendo ayuda fue expulsada. Algunos comités de ayuda empezaron a organizar cocinas en las que se dispensaba sopa. Otras organizaciones, en cambio, exigían la conversión al protestantismo antes de entregar cualquier tipo de ayuda. Así, los católicos que abandonaron su fe y se convirtieron al protestantismo en el siglo XIX recibieron el apelativo de ‘los que tomaron sopa’, incluso aunque la conversión no tuviese relación alguna con la hambruna.

El gobierno de turno, que no creía en la idea de dar nada a cambio de nada, estableció un esquema de trabajos sociales a cambio de las ayudas. Así, se pudo ver a hombres, mujeres y niños construyendo carreteras y en otro tipo de obras.

En Irlanda no se trabajaba el hierro ni el carbón, por lo que el sustento de la mayoría dependía de la patata. Casi todos los terratenientes, la mayoría residiendo fuera del país, se preocupaban muy poco por sus inquilinos. Lo único que les importaba era percibir la renta que, por cierto, rara vez era destinada a mejorar las condiciones de vida de los arrendatarios. La consecuencia fue la continua expulsión de familias enteras de sus hogares, quedando desamparados, a la intemperie.

Al mismo tiempo, la población crecía a gran ritmo y se multiplicó por dos entre 1800 y 1840. Se calcula que en 1845 sería aproximadamente de 9 millones de personas. La situación se convirtió en insostenible durante la Gran Hambruna. Todas las medidas encaminadas a buscar el autogobierno, la libertad de religión, la abolición del diezmo y cualquier otro tipo que buscase el bien de Irlanda, sin tener en cuenta los intereses de Gran Bretaña, fracasaron. Los éxitos de Daniel O’Connell fueron de poca importancia y llegaron muy tarde. En su discurso en la Cámara de los Comunes en 1847, 3 meses antes de su muerte, por fin se percató de la magnitud del problema: “Irlanda está en vuestras manos. Si no la salváis, ella solo no podrá hacerlo. Me atrevo a predecir que un cuarto de la población morirá a menos que acudáis en su ayuda”.

Hoy en día es difícil asimilar la verdadera magnitud del desastre. En agosto de 1847, 3 millones de personas acudían diariamente a solicitar su ración de sopa. Ese mismo año, 100.000 personas emigraron a Canadá y unas 900.000 eran mantenidas con vida en las casas de beneficencia.

Los efectos de la hambruna siguieron presentes durante décadas y los porcentajes de emigración que se establecieron en la década de los 40 se consolidaron hasta finales del siglo XIX. Se calcula que abandonaron el país 4 millones de personas con rumbo a Canadá, USA, Glasgow, Liverpool y otras ciudades inglesas. Esta tendencia ha continuado bien entrado el siglo XX en la Irlanda rural.

Los barcos que cruzaban el Atlántico iban siempre atestados y en paupérrimas condiciones de higiene. Los pasajeros eran considerados más como mercancía que como personas y rara vez subían a cubierta, permaneciendo la mayor parte del trayecto hacinados en las bodegas. Estos barcos eran conocidos como ‘barcos ataúd’. Sus dueños y sus capitanes veían una oportunidad de hacer dinero con unas rutas que eran deficitarias hasta entonces. Provisiones escasas, atestados, en malas condiciones de conservación, un nido de enfermedades… Resultado: viajes penosos, interminables, enfermedades y muertes. Más de uno no alcanzó el destino y se hundió en la travesía.

En definitiva, un episodio muy triste en la historia de Irlanda, que marcó su caminar mucho tiempo.

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3 Respuestas a “Irlanda: 1845-1849

  1. pues me parece que si fue una epoca muy mala para los irlandeses, muy bien abordado el tema, me encantaron los temas musicales, siempre me ha llamado mucho la atencion ese pais.

  2. Molt interesant es molt eticocivic

  3. He aderezado mi receta de patatas con costilla con este estupendo post tuyo sobre la Gran Hambruna de Irlanda. He querido ilustrar la importancia de la patata en mi blog de recetas de cocina.

    http://cocinadejoaquina.blogspot.com/2010/05/patatas-con-costilla.html

    La patata era una bendición entonces y ahora también.

    Muchas gracias.

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