Ayer volvió a ser HISTORIA


He bajado, como suele ser normal los fines de semana, a tomar un café al Irish Stones (pub irlandés que queda cerca de mi casa). Tenía en mente escribir algo acerca del partido del 6 Naciones de ayer entre Irlanda e Inglaterra, pero al leer la crónica que ha aparecido en el diario deportivo As, he pensado que sería incapaz de superarla, porque el partido en sí era lo de menos. Ayer se volvió a hacer historia. 

Podemos leer el artículo mientras escuchamos el himno de la selección irlandesa de rugby, Ireland’s call, compuesto en 1995.

http://www.goear.com/listen.php?v=8233ce9

1920 

El 21 de noviembre de 1920, el ministro irlandés de Finanzas y la cabeza del IRB (Irish Republican Brotherhood), Michael Collins, ordenaron el asesinato de todos los miembros de La Patrulla de El Cairo (The Cairo Gang), dieciocho altos cargos del Servicio de Inteligencia Británica enviados para infiltrarse y subvertir a organizaciones nacionalistas irlandesas. Esa mañana temprano, los integrantes de la patrulla murieron a manos del Escuadrón de Collins — un par de ellos en sus propias casas, y en algunos casos incluso en presencia de sus familias. Dos auxiliares también fueron asesinados mientras el escuadrón les hacía escapar. Esta acción trastocó gravemente la Inteligencia Británica en Irlanda, provocando que el resto de la patrulla y algunos otros espías huyeran al castillo de Dublín, y una gran consternación en la administración británica.

Estaba previsto que el equipo de Dublín de fútbol gaélico jugase un partido contra el equipo de Tipperary más tarde, el mismo día, en Croke Park, el estadio de fútbol más grande de la GAA (Gaelic Athletic Association o Asociación Atlética Gaélica). Uno de los auxiliares británicos involucrado en el Domingo Sangriento recordaba que lanzaron una moneda al aire para decidir si irían a hacer la masacre en Croke Park o a saquear la calle Sackville (O´Connell Street).

A pesar del malestar general en Dublín por la noticia de los asesinatos, la vida seguía adelante para este pueblo cansado de la guerra. Aproximadamente 10.000 espectadores fueron a Croke Park para ver el partido. Minutos antes de que empezara el encuentro un avión sobrevoló el estadio y se vio cómo una llamarada roja salía de la cabina del piloto. Los auxiliares invadieron el terreno de juego mientras un oficial encima del muro disparó una bala de su revolver. Empezaron a disparar a la gente desde el campo, mientras otro disparaba con una ametralladora desde la entrada. El gentío empezó a correr huyendo de los disparos. Dos jugadores de fútbol, Michel Hogan y Jim Egan, fueron disparados; Hogan murió a causa de las heridas. Un joven de Wexford intentó susurrar un acta de arrepentimiento al moribundo Hogan pero también fue alcanzado. En total catorce personas murieron y 65 fueron heridas.

Entre las bajas se contó a Jeanni Boyle, que había ido al partido con su prometida y se tenía que casar cinco días después; y John Scott, que tenía catorce años, y que quedó tan mutilado que inicialmente se pensó que había sido atacado con una bayoneta. Las víctimas más jóvenes tenían 10 y 11 años.

24 de febrero de 2007

Contará la historia que el 24 de febrero de 2007 Dublín amaneció encapotado, lluvioso, plomizo. Una riada humana desembocó en Croke Park procedente de O’Connell Street, principal arteria de la ciudad, a diez minutos a pie del estadio. El ambiente era eléctrico. Se palpaba una calma tensa. Inglaterra pisaba por primera vez el templo católico del deporte irlandés. Tierra enemiga, literalmente. Y lo sabían. Un orgulloso irlandés, Connor O’Shea, se lo había recordado días antes. “Para ustedes será un gran partido, para nosotros será mucho más que eso. Será una oportunidad de enterrar viejos fantasmas“. Enterrar… Eso fue lo que ocurrió. La primera ministra irlandesa rebajó tensión en el calentamiento saludando en primer lugar a Phil Vickery, capitán inglés. Y los himnos sonaron en un ambiente cargado de emoción y respeto. Eddie O’Sullivan, seleccionador irlandés, advirtió a los suyos lo que estaba en juego: “Hoy no juegan ustedes, juega un país, tres generaciones de irlandeses. Contra Francia se puede perder. Ante Inglaterra y en Dublín nunca. Salgan y vuelvan como vencedores o no vuelvan. La historia les espera“.

La delantera irlandesa arrolló a Vickery y su gente. Engulleron al paquete inglés, el más temido, decían; gobernaron la touch y arrasaron a los ingleses a campo abierto con sus alas celestiales. Irlanda jugaba con 82.015 jugadores. Y eso pesaba. La primera vez que Inglaterra pisó el templo católico del deporte irlandés encajó más de 40 puntos (43-13 fue el resultado final). Nunca antes lo había hecho. Y Michael Hogan, el mártir de Croke Park, el jugador que murió en el campo fusilado por la policía inglesa, se tomó su particular venganza. Contará la historia que Irlanda enterró sus viejos fantasmas y junto a ellos… a Inglaterra.

Reflexión

Ayer el público que llenó Croke Park para recibir a los ingleses dio una lección de civismo. Con todos los antecedentes históricos que se habían recordado durante la semana, los irlandeses recibieron al equipo inglés con un gran respeto. El silencio que se creó previo a la interpretación del himno inglés fue sobrecogedor. Su respeto hacia los ingleses fue total y absoluto. Supieron respetar un símbolo de la cultura inglesa. Desde aquel domingo sangriento de 1920 cuando murieron 14 personas en este estadio, han pasado ya 87 años, suficientes para curar aquella herida y para respetar al antiguo enemigo. Y miro esto con admiración y con envidia porque vivimos en un país en el que a mucha gente se le llena la boca hablando de paz y nadie muestra respeto por nadie.

(Prolegómenos, himnos…)

En Dublín no habló ningún político. Habló la gente con su silencio y nos dieron una lección de cómo debería ser una sociedad que aspira a conseguir la paz. Así podríamos convertir este país en una tierra mejor, en un país mejor, en una sociedad mejor. Por desgracia pienso que tardaremos muchos años en conseguir el civismo que se respiró ayer en Croke Park, pero espero que sean menos de 87 años y que yo lo pueda vivir. Y ese momento se vivió en el previo de un partido de rugby. No es casualidad. Porque sólo el rugby es capaz de transmitir estos valores. Valores que deberían darse en otros deportes por los que vive tan apasionadamente España y de los que, de momento desgraciadamente, carecen. Mirémonos en el espejo de los irlandeses y sigamos su ejemplo. Yo lo voy a hacer.

(Final del partido)

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Una respuesta a “Ayer volvió a ser HISTORIA

  1. Fernando: sobrecogedor el relato, se nota el peso de la Historia. También se nota tu pasión por el tema y no puede ser de otro modo si lo conoces tan bien.
    Cariños, Myriam.

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